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Detrás de cada agresión existen estructuras culturales que normalizan el control, la desigualdad y la dominación sobre los más vulnerables. - Foto: Imagen Hecha con IA

Tiempos Modernos: Seres vivos, masculinidad y violencia

La violencia contra las mujeres y el maltrato animal no son fenómenos aislados. Son expresiones de una misma lógica de control que persiste en la cultura, las instituciones y las relaciones sociales.

Por: Jaime Luis Brito, Visitas: 73

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La noticia corrió rápido: un hombre detenido en Cuautla por intentar vender animales de compañía de manera ilegal podría enfrentar hasta 12 años de cárcel. Algunos medios lo presentaron como si fuera un exceso, como si castigar el maltrato animal con penas severas fuera una afrenta a la “racionalidad humana”. La sorpresa —o la indignación— proviene de un viejo prejuicio: la idea de que los seres humanos estamos por encima de los demás seres vivos.

 

No es nuevo. René Descartes nos heredó la noción de que somos, ante todo, seres racionales, y que los animales son máquinas sin alma. Esa visión —que hoy sabemos científicamente falsa— se volvió sentido común. Pregunte usted a alguien de mi generación (tengo 51 años) cuál es la diferencia entre humanos y animales, y la respuesta típica será: “nosotros somos racionales, ellos no.”

 

Pero Freud, Nietzsche y Marx ya nos habían advertido que esa supuesta racionalidad es, en el mejor de los casos, intermitente. Que buena parte de lo que hacemos proviene de un lugar oscuro, no consciente, eso que Leibniz llamó “pequeñas percepciones” y Freud bautizó como inconsciente. Y sin embargo, seguimos creyendo que estamos en la cima de la pirámide. Basta mirar cómo nos comportamos.

 

¿Racionales? Mire los videos

 

¿Le parece muy racional lo que vimos ayer en redes sociales? Un hombre golpeando brutalmente a una mujer y a sus hijos pequeños. ¿Le parece racional que un exmarido acose, hostigue, amenace y violente a su hija y a la madre de esta? ¿Le parece racional que, mientras circulan estos videos, aparezcan perfiles de redes sociales —falsos o reales— que se ríen, justifican o celebran la violencia?

 

Porque eso ocurre. Y ocurre todos los días. La violencia contra las mujeres no es un fenómeno marginal ni excepcional. Es estructural. Es cultural. Y es profundamente masculina.

 

La tecnología no inventó la violencia: la exhibió

 

Hoy vemos escenas que antes quedaban encerradas en la casa, en la calle oscura, en la habitación cerrada. La tecnología —los celulares, las cámaras, las redes— no creó la violencia. La visibilizó.

 

Por eso nos parece más cruda, más cruel. Pero siempre estuvo ahí. Lo que cambia es que ahora podemos verla, denunciarla y exigir acción. Y eso incomoda a muchos hombres que crecieron en un modelo donde la violencia era parte del repertorio cotidiano.

 

No es “un enfermo”: es un sistema

 

Cada vez que aparece un caso extremo, la reacción inmediata es: “es un enfermo”, “es un monstruo”, “es un caso aislado”. No. No es un monstruo. Es un producto. Un producto de una cultura que: normaliza el control, justifica los celos, premia la fuerza, tolera la agresión, culpa a la víctima, y se burla de la denuncia.

 

La violencia contra las mujeres no es ajena a nosotros. Es parte de lo que hemos sido como sociedad. Y por eso es tan difícil desmontarla.

 

El Estado debe actuar… pero no puede solo

 

La gobernadora Margarita González Saravia dijo hace unos días que en Morelos se registraron más de 22 mil denuncias por violencia contra mujeres en un año. Veintidós mil. Una cifra que debería estremecernos. ¿Ha crecido la violencia? ¿O por fin la estamos viendo?

 

Probablemente ambas cosas. Pero lo que sí es claro es que si el Estado no actúa, la vida de las familias no va a cambiar. Se necesitan: ministerios públicos que atiendan, policías que lleguen, jueces que protejan, medidas de protección que funcionen, agresores que sean detenidos, sentencias que se cumplan.

 

Sin eso, la violencia seguirá siendo paisaje.

 

La parte incómoda: los hombres y el miedo a perder lugar

 

Hay algo que casi nadie dice: muchos hombres sienten que están siendo desplazados. Que ya no pueden “ser como antes”. Que ya no pueden controlar, decidir, imponer. Y cuando un grupo siente que pierde poder, reacciona. A veces con burla. A veces con resistencia. A veces con violencia.

 

No es casualidad que, en medio del avance de los derechos de las mujeres, la violencia se haya vuelto más visible y más extrema. No es casualidad. Es reacción. De esto habla Rita Segato, quien sostiene que la violencia masculina es una “pedagogía de la crueldad” y que aumenta cuando las mujeres conquistan autonomía, porque los agresores sienten que pierden control y poder.

 

Entre animales y humanos: la misma raíz

 

El caso del hombre detenido por maltrato animal no es anecdótico. Es un síntoma.

 

Quien es capaz de ejercer violencia contra un ser vivo vulnerable —animal o humano— comparte la misma lógica: la lógica de la dominación. La lógica del poder. La lógica del que se cree superior.

 

Por eso las leyes que protegen a los animales no son un capricho. Son parte de un mismo esfuerzo civilizatorio: reconocer que la vida no es propiedad de nadie.

 

Conclusión: ver, denunciar, cambiar

 

Hemos avanzado mucho en el reconocimiento de los derechos de las víctimas —humanas y animales—, pero falta muchísimo. La tecnología nos permite ver lo que antes se ocultaba. Las redes permiten denunciar lo que antes se callaba. Y la ley permite castigar lo que antes se toleraba.

 

Pero nada de eso será suficiente si no ocurre lo más difícil: el cambio cultural. Ese en el que agredir a una mujer no sea motivo de burla, ni de orgullo, ni de justificación, ni de silencio. Ese en el que dejemos de pensar que somos racionales por decreto y empecemos a demostrarlo por conducta.

 

Y ese proceso es el más complicado, porque ahí vamos, arrastrando nuestra vulnerabilidad y disfrazándola de violencia, rompiendo todo a nuestro paso. Unos más que otros, pero todos.

 

Referencias

Descartes, R. (2014). Meditaciones metafísicas. Gredos. (Obra original publicada en 1641).

Freud, S. (2001). La interpretación de los sueños. Amorrortu. (Obra original publicada en 1900).

Leibniz, G. W. (1992). Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano. Tecnos. (Obra original escrita en 1704).

Marx, K., & Engels, F. (1970). La ideología alemana. Grijalbo. (Obra original publicada en 1846).

Nietzsche, F. (2000). Más allá del bien y del mal. Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1886).

Nietzsche, F. (2000). La genealogía de la moral. Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1887).

Segato, R. (2016). La guerra contra las mujeres. Traficantes de Sueños.

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