Tiempos Modernos: México y el fantasma de Colombia y Perú
La fragmentación interna de Morena y el desgaste del proyecto gobernante podrían abrir la puerta a liderazgos ultraconservadores y autoritarios.
Por: Jaime Luis Brito, Visitas: 81
Colombia y Perú están viviendo un viraje hacia la derecha, pero no por una hegemonía conservadora, sino por algo más peligroso: la polarización alimentada por la izquierda en el poder, que terminó por fracturar a sus sociedades en dos mitades irreconciliables.
En ambos países, los candidatos identificados con la ultraderecha ganaron por márgenes mínimos. No arrasaron: apenas cruzaron la línea. Y lo hicieron porque la otra mitad del país estaba harta, cansada, decepcionada o simplemente dispuesta a votar por “cualquier cosa que no fuera lo que ya había”. Ese es el verdadero riesgo: no la derecha, sino la sociedad partida en dos.
Y México podría estar caminando hacia ese escenario en 2030.
Un país que podría dividirse en dos mitades
Morena llega a su octavo año en el poder con una fuerza que todavía parece sólida. Pero el próximo año será su prueba de fuego. No por la oposición tradicional —que sigue sin articular un proyecto coherente—, sino por algo más interno, más corrosivo y más difícil de controlar: los cismas que provoca el apetito de poder dentro del propio movimiento.
La expectativa de que “ya les toca” ha comenzado a fracturar alianzas, lealtades y estructuras. Y eso, históricamente, es lo que abre la puerta a los outsiders, a los radicales, a los oportunistas.
La amenaza que parece chiste… hasta que deja de serlo
En ese vacío aparece un personaje que muchos todavía toman a broma, pero que no debería subestimarse: Ricardo Salinas Pliego.
Un empresario multimillonario, dueño de TV Azteca y Grupo Elektra, que ha construido su fortuna endeudando a los más pobres, que ha litigado contra el Estado para no pagar impuestos, que ha usado su poder mediático para moldear opinión pública y que hoy, con el Mundial como plataforma, ha salido del clóset político. No es un político tradicional. No es un ideólogo. No es un académico. Es un populista ultraconservador con dinero, medios, narrativa y resentimiento.
Y eso, en América Latina, es una combinación explosiva.
El espejo colombiano
Colombia es hoy un país dividido 50-50. Una mitad votó por un proyecto progresista. La otra mitad eligió a un ultraconservador que promete orden, mano dura y “recuperar el país”.
El resultado es la polarización extrema, la violencia política, las instituciones cada día más debilitadas y en su momento, un presidente dispuesto a usar la fuerza pública sin matices. Ese es el riesgo: no quién gana, sino cómo gana y con qué país se encuentra.
El espejo peruano
Perú vivió algo similar: una izquierda que llegó al poder sin capacidad de gobernar, una derecha radicalizada, un Congreso que bloqueó todo y un país que terminó en manos de un proyecto conservador autoritario. No fue un triunfo ideológico: fue un vacío de gobernabilidad.
México en la antesala del péndulo
Si Morena llega a 2030 desgastado, dividido y con un proyecto que ya no entusiasma, el país podría entrar en la lógica del péndulo: de un movimiento progresista a un proyecto ultraderechista que promete soluciones simples a problemas complejos.
Y ahí aparece Salinas Pliego como la figura que encarna ese discurso:
- “mano dura”,
- “orden”,
- “acabar con los flojos”,
- “que cada quien se rasque con sus uñas”,
- “el Estado es el problema”,
- “yo sí sé administrar”.
Es el mismo libreto que ya vimos en Brasil, en Argentina, en El Salvador, en Perú, en Colombia. Y siempre empieza igual: con la idea de que no podemos estar peor. Pero siempre es posible.
El verdadero riesgo
El riesgo no es que gane la derecha. El riesgo es que México llegue a 2030 fracturado, cansado, desencantado y sin un proyecto progresista cohesionado.
Un país dividido es un país vulnerable. Y un país vulnerable es terreno fértil para los autoritarismos disfrazados de eficiencia.
Un personaje ultraconservador, patriarcal, clasista, enriquecido a costa de los más pobres, que ha vivido del Estado mientras dice odiarlo, podría convertirse en la alternativa “anti‑sistema”.
No porque sea fuerte, sino porque el sistema se debilita desde dentro. No porque tenga ideas, sino porque la gente se queda sin esperanza. No porque sea brillante, sino porque la polarización lo vuelve viable.
Conclusión
México no está condenado a repetir la historia de Colombia o Perú. Pero tampoco está vacunado.
Si Morena no logra contener sus divisiones internas, si no renueva su proyecto, si no reconstruye su relación con la ciudadanía, si no ofrece futuro, entonces el país podría entrar en un ciclo de polarización que abra la puerta a lo peor.
Porque sí: siempre podemos estar peor. Y la historia latinoamericana lo demuestra una y otra vez.
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