

Una extraña enemiga: Sistema Nacional de Cuidados
La discusion pública en México sobre el sistema nacional de cuidados no es tan simple, es más compleja de lo que pensamos
Por: Adriana Figueroa Muñoz Ledo, Visitas: 6818
En los últimos años, la discusión pública respecto a los cuidados ha ido ganando terreno. Desde diversos niveles del aparato estatal se ha planteado la preocupación por diseñar programas y políticas públicas que respondan a las necesidades de cuidados de la población. Así, se ha señalado la necesidad de que el Estado funja como garante del cuidado entendido éste como un derecho. De hecho, una de las propuestas de campaña de la administración que acaba de iniciar fue la creación de un Sistema Nacional de Cuidados. Estas preocupaciones e intenciones han colocado el tema de los cuidados en el ámbito público, y no porque fueran ajenos a ese espacio, sino porque persiste la falsa idea que los cuidados pertenecen al ámbito doméstico-privado.
La reclusión del cuidado en el espacio doméstico-privado y su asignación prioritaria a las mujeres –sobre todo a aquellas que pertenecen a estratos económicos bajos, racializadas y migrantes– pero también a hombres subalternizados (Molinier y Legarreta, 2016), ha influido en la invisibilización de la interdependencia que todas las personas tenemos entre sí. Además, gracias a su mercantilización, los cuidados se han trasladado más allá de las fronteras del hogar (Ezquerra, 2013), es decir, quien puede, paga para que alguien realice sus labores de cuidado.
Hoy día, ni el Estado ha podido absorber eficientemente los cuidados, ni toda la población cuenta con la solvencia económica para pagar ellos. Lo anterior, perpetúa un escenario de desigualdad donde quienes cuentan con recursos económicos suficientes, pueden delegar el trabajo de cuidados en otras personas –mujeres principalmente–, mismas que, a su vez, combinan este trabajo remunerado con los cuidados no remunerados de su propia familia. Hay que agregar que este segmento de la población que cuida a los ajenos al tiempo que cuida de los propios, recibe en general, salarios apenas mínimos, y es que, los cuidados aún se consideran como actividades de segundo orden.
Por tanto, además de un Estado garante de cuidados y de mejores condiciones salariales para quienes cuidan, se requiere una transformación cultural donde la sociedad en su conjunto, dígase hombres, pero también mujeres privilegiadas, se involucren como personas cuidadoras activas.
Fuentes:
Ezquerra, Sandra (2013). Hacia una reorganización de los cuidados: ¿entre lo público y lo común. Viento Sur, 130, 78-88.
Molinier, Pascale y Legarreta, Matxalen. (2016). Subjetividad y materialidad del cuidado: ética, trabajo y proyecto político. Papeles del CEIC, International Journal on Collective Identity Research, (1), 1-14.
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