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El Congreso de Morelos enfrenta una carrera contra el tiempo por la viabilidad de su sistema de pensiones. - Foto: Especial

Tiempos Modernos: Le urge al Congreso el Instituto de Pensiones

Las pensiones consumen hasta el 80% del presupuesto legislativo.

Por: Jaime Luis Brito, Visitas: 198

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En Morelos, la conversación política ha girado en torno al supuesto interés del Ejecutivo por impulsar el Instituto de Pensiones. Se ha dicho que el gobierno estatal quiere “controlar recursos”, “reordenar el sistema” o “centralizar decisiones”. Pero esa lectura, aunque útil para el ruido mediático, no toca el nervio real del asunto.

La verdad es más incómoda y mucho más urgente: los principales interesados en aprobar el Instituto de Pensiones no son el Ejecutivo, sino las y los diputados.

Y lo son porque enfrentan una bomba presupuestal que ya no pueden patear hacia adelante.

El dato que lo cambia todo: 75–80% del presupuesto se va a pensiones

El presidente de la Mesa Directiva, Isaac Pimentel, lo dijo sin rodeos: entre el 75 y el 80% del presupuesto del Congreso de Morelos se destina al pago de pensiones, jubilaciones y prestaciones.

Es una cifra brutal. Es una cifra insostenible. Es una cifra que explica por qué el Legislativo está contra el reloj.

Con ese nivel de gasto fijo, el Congreso ya opera con dificultades. Pero el problema se vuelve crítico cuando se suma el impacto del Plan B federal, que obliga a los Congresos estatales a compactar estructuras, reducir gasto y eliminar excesos históricos.

En ese escenario, el Legislativo de Morelos enfrenta un déficit proyectado de alrededor del 60% para 2027. No es una metáfora. No es un cálculo político. Es un dato reconocido por su propia Mesa Directiva.

El Plan B federal: menos recursos, más obligaciones

La reforma federal impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum busca ordenar el gasto legislativo en todo el país. Los Congresos estatales deberán operar con menos recursos y con estructuras más compactas. En Morelos, donde el gasto en pensiones ya devora el presupuesto, el impacto es devastador.

El Congreso no solo tendrá menos dinero: tendrá mucho menos margen para absorber su gasto fijo.

Y aquí aparece la verdad que pocos quieren decir abiertamente: si el Instituto de Pensiones no se aprueba este año, el Congreso de Morelos no podrá operar en 2027.

No habrá recursos suficientes para pagar salarios de trabajadores activos. No habrá recursos para pagar pensiones. No habrá recursos para sostener la actividad legislativa.

La parálisis no sería política. Sería financiera.

La iniciativa que nació débil… y ahora es inevitable

Durante semanas dijimos —con razón— que la iniciativa del Instituto de Pensiones había nacido mal comunicada, filtrada, manoseada y políticamente torpe. Y eso sigue siendo cierto. Pero el contexto cambió: la reforma federal convirtió una propuesta débil en una obligación presupuestal.

Hoy, el Instituto de Pensiones no es una apuesta del Ejecutivo. Es una tabla de salvación del Legislativo.

Por eso, aunque la iniciativa parecía destinada al archivo, ahora debe aprobarse sí o sí, a más tardar el 15 de diciembre. No por convicción política, sino por supervivencia institucional.

Conclusión: el reloj corre, y el Congreso ya no tiene margen

El Instituto de Pensiones ya no es un debate ideológico. Es un debate contable. Es un debate de supervivencia.

La narrativa pública puede seguir señalando al Ejecutivo, pero la realidad es otra: si las y los diputados no aprueban la reforma este año, el Congreso de Morelos quedará financieramente paralizado en 2027.

La política tiene sus tiempos. El presupuesto tiene sus límites. Y el reloj, esta vez, no está del lado del Legislativo.

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