Masiosare agencia de noticias

El despliegue federal en Cuautla representa un paso importante, pero el reto de fondo sigue siendo desmantelar la red de complicidad que permitió la infiltración del crimen en el gobierno municipal. - Foto: Gobierno de Morelos

Tiempos Modernos: Cuautla, lo que falta

El despliegue federal representa un avance, pero mientras no se desmantele la red de complicidad que permitió la infiltración del crimen en el gobierno municipal, la recuperación de Cuautla seguirá siendo incompleta.

Por: Jaime Luis Brito, Visitas: 86

Compartir la nota por:

Cuautla vive un momento que parece histórico. Bases de operaciones interinstitucionales, patrullajes permanentes, ferias de paz, inversión social, programas educativos, servidores de la Nación recorriendo colonias, discursos que hablan de “nueva etapa” y un despliegue federal que no se había visto en años. El Plan Cuautla es, en papel, la intervención más grande que ha recibido el municipio desde que la violencia se convirtió en forma de gobierno.

Pero hay un problema. Un problema que no está en los discursos, ni en los boletines, ni en las conferencias. Un problema que no se resuelve con 394 elementos, 79 unidades, ferias de paz o inversión social. Un problema que está dentro del propio municipio: la complicidad de las autoridades locales.

Si Cuautla no rompe ese pacto interno —el pacto que permitió que el ayuntamiento se convirtiera en aparato de extorsión, que funcionarios se reunieran con líderes criminales, que la estructura municipal fuera colonizada por la Empresa— entonces todo lo demás será un espejismo.

El origen del Plan Cuautla: una ciudad asediada por la extorsión

El Plan Cuautla nace como respuesta a años de violencia y, sobre todo, al asedio de la extorsión. Cuautla se convirtió en un laboratorio del crimen organizado: cobro de piso generalizado, homicidios dolosos, control territorial, amenazas a comerciantes, captura de giros comerciales, infiltración en áreas municipales.

La detención del alcalde Jesús Corona Damián no fue un accidente. Fue la confirmación de que el municipio había sido colonizado. No solo por la Empresa, sino por funcionarios que entregaron áreas completas de la administración pública.

El Plan Cuautla intenta revertir eso. Pero no basta con operativos. No basta con presencia militar. No basta con programas sociales. Hay que desmontar la complicidad interna.

El despliegue: 14 colonias, 394 elementos, 79 unidades… y un vacío

El despliegue es masivo. Ejército, Marina, Guardia Nacional, SSPC federal, policía estatal y municipal operan en 14 colonias prioritarias: Tetelcingo, Casasano, Hermenegildo Galeana, Centro, Gabriel Tepepa, Emiliano Zapata, Plan de Ayala, Morelos, Año de Juárez, Eusebio Jáuregui, Puxtla, Santa Bárbara, Ignacio Zaragoza y Vicente Guerrero.

La meta es extenderse a los 64 sectores del municipio.

La presencia es permanente. Hay puntos de revisión, patrullajes, contacto directo con la población, cultura de denuncia.

Pero el despliegue tiene un límite: no toca la estructura municipal que permitió que Cuautla se convirtiera en un dispositivo de extorsión.

La parte que falta: combatir la complicidad municipal

El Plan Cuautla habla de “generadores de violencia”. Y sí, hay que detenerlos. Pero Cuautla no cayó solo por ellos. Cayó porque:

  • funcionarios municipales participaron en reuniones con líderes criminales;
  • tesoreros, oficiales mayores y secretarios operaron mecanismos de extorsión;
  • áreas completas del ayuntamiento fueron entregadas al crimen;
  • la estructura municipal se convirtió en aparato de extracción de rentas;
  • el municipio dejó de ser gobierno y se volvió intermediario del crimen.

El operativo Enjambre reveló que no eran solo alcaldes. Eran funcionarios de segundo y tercer nivel, operadores políticos, exalcaldes, líderes transportistas, tesoreros, directores de licencias, secretarios municipales. También hay que checar el rastro, mismo que fue tomado hace poco por federales, es una arista que falta por informar.

Si el Plan Cuautla no toca esa red, la violencia regresará.

La narrativa de “atender las causas”: necesaria, pero insuficiente

Las ferias de paz, los programas sociales, la inversión en educación, los planteles del Bachillerato Nacional “Margarita Maza”, los servidores de la Nación recorriendo colonias… todo eso es importante. Cuautla necesita reconstruir su tejido social.

Pero Cuautla también necesita reconstruir su gobierno.

No se puede atender las causas si el municipio sigue infiltrado. No se puede reconstruir la confianza si la estructura municipal sigue siendo la misma que operó la extorsión. No se puede hablar de nueva etapa si no se desmonta la vieja red de complicidad.

La inversión social: necesaria, pero no suficiente para romper la captura

Los 240 millones de pesos anunciados para infraestructura son importantes. La coordinación interestatal también. La presencia de Sedena y Guardia Nacional es indispensable.

Pero la captura municipal no se rompe con obra pública. Se rompe con investigación, con detenciones, con depuración, con sanciones, con reconstrucción institucional.

Cuautla no solo necesita seguridad. Necesita gobierno.

Conclusión: sin limpiar la casa, el Plan Cuautla será solo un buen discurso

El Plan Cuautla es un avance. Es una intervención necesaria. Es un intento serio de recuperar el territorio. Pero si no se combate la complicidad municipal —la red interna que permitió que el crimen colonizara el ayuntamiento— entonces todo lo demás será temporal.

Cuautla no cayó por falta de patrullajes. Cayó porque su gobierno se entregó.

Y si el Plan Cuautla no toca esa parte, la violencia volverá. Porque la captura municipal no se rompe desde afuera. Se rompe desde adentro.

Lo último

También podría interesarte