Masiosare agencia de noticias

Ayudar a ocultar a un agresor no es un acto de lealtad; puede convertirse en un delito. - Foto: De la Red

Tiempos Modernos: Caso Paula. Ocultar al agresor, también es delito

Ayudar a ocultar a un agresor no es un acto de lealtad; puede convertirse en un delito.

Por: Jaime Luis Brito, Visitas: 88

Compartir la nota por:

Jorge Francisco Rabadán golpeó brutalmente a Paula Fajardo, la madre de sus tres hijos. No es una acusación basada en rumores ni en dichos: lo vimos todos. Los videos circularon profusamente en redes sociales, mostrando una violencia sostenida, repetida, cruel. No hay espacio para la duda moral. No hay espacio para la ambigüedad social.

Desde que el caso estalló públicamente, Jorge Francisco se escondió. Ha evadido a la justicia, ha buscado amparos, ha intentado detener el proceso. No lo ha logrado. La Fiscalía ha cateado domicilios, ha asegurado bienes y ha seguido las líneas de investigación que apuntan a un hecho grave: su familia lo está ayudando a permanecer prófugo.

Fuentes cercanas al caso confirmaron a Tiempos Modernos que familiares han entregado dinero, han facilitado movilidad y han creado condiciones para que Jorge continúe evadiendo la acción de la justicia. Lo que quizá no tienen claro —o no quieren ver— es que eso también es un delito.

Ayudar a un agresor prófugo no es un acto de “protección familiar”. Es encubrimiento. Y puede derivar en prisión.

El precedente que debería preocupar a quienes lo esconden

El caso de Jorge Francisco no es aislado. En Yautepec, tras el feminicidio de Andrea Maylín, que cumplió un año hace unas semanas, el presunto agresor, Ricardo N, escapó. ¿Quién lo ayudó? Sus padres. ¿Qué ocurrió? Ambos fueron detenidos y están bajo proceso por facilitar su fuga.

Ese precedente es contundente, reciente y un mensaje claro y directo para quienes hoy ayudan a Jorge Francisco. No solo ponen en riesgo su libertad. Ponen en riesgo su patrimonio. Ponen en riesgo su futuro.

La Fiscalía ya aseguró bienes vinculados al prófugo o incluso a su familiar. Y si la investigación confirma que familiares o amigos facilitaron su escape, su libertad corre riesgo.

El delito se persigue de oficio: no hay salida fácil

El agresor Víctor Rodríguez Padilla, exdirector de Pemex, es otro ejemplo. Golpeó brutalmente a su esposa, Felicia Jiménez. Pasó noches en la cárcel. Su medida cautelar cambió, sí, pero el proceso sigue. ¿Por qué? Porque el delito de violencia familiar se persigue de oficio en Morelos. Esto es un triunfo de las mujeres en la entidad.

Lo mismo ocurre con Jorge Francisco. No importa si se esconde. No importa si busca amparos. No importa si su familia lo protege.

El proceso no se detiene. La orden judicial no desaparece. La responsabilidad no se diluye. Mientras no se presente ante la justicia, su situación solo empeora. Y arrastra consigo a quienes lo encubren.

El mensaje que debe quedar claro

En el caso de Jorge Francisco hay un delito evidente. Lo vimos todos. Lo documentaron cámaras. Lo difundieron miles de personas. Lo investigan autoridades. Un juez deberá determinar su responsabilidad, sí, pero la evidencia pública es contundente.

Y mientras él se esconde, su familia y amigos deben entender algo esencial:

Ayudar a un prófugo es un delito. Financiar su fuga es un delito. Ocultarlo es un delito. Mentir para protegerlo es un delito.

No solo ponen en riesgo su libertad. Ponen en riesgo su patrimonio. Ponen en riesgo su futuro.

Conclusión: la violencia no se oculta, se enfrente

Jorge Francisco puede seguir escondiéndose, seguir huyendo y seguir recibiendo ayuda

Pero la justicia ya lo busca. La sociedad ya lo vio. La evidencia ya existe.

Y quienes hoy lo protegen deben saber que la violencia no se hereda, pero la responsabilidad sí. La justicia alcanzará al agresor. Y puede alcanzar también a quienes lo encubren.

Lo último

También podría interesarte