

El camino de la vida: Mario Casasús en la memoria
El autor hace una remembranza de su relación con el escritor, periodista e investigador Mario Casasús, quien falleciera a principios de esta semana
Por: J. Enrique Álvarez Alcántara, Visitas: 1092
Con permiso via a dentrar/ aunque no soy convidao/ pero en mi pago, un asao/ no es de naides y es de todos/ yo via cantar a mi modo/ después que haiga churrasquiao.
No tengo Dios pa pedir/ cuartiada en esta ocasión/ ni puedo pedir perdón/ si entuavía no hei faltao,/ veré cuando haiga acabao/ pero ésa es otra cuestión.
Yo sé que muchos dirán/ que peco de atrevimiento/ si largo mi pensamiento/ pa'l rumbo que ya elegí/ pero siempre hei sido ansí/ galopiador contra el viento.
Atahualpa Yupanqui, Coplas del Payador Perseguido
A pesar de haber comprometido una secuencia ininterrumpida de colaboraciones dedicadas a confeccionar un Glosario de Terminología Política Ambigua y Eufemística, y pese a que apenas he compartido una introducción y una primera parte, no puedo, bajo ninguna circunstancia, no realizar esta digresión dedicada a Mario Casasús; me es imposible no escribir en su memoria este texto, cuando hace apenas unas horas que trascienden un par de días, por cuestiones que hemos sabido siempre pero que no solemos esperar franca y abiertamente, hubo trascendido su existencia física para acceder a una presencia intemporal y grabada en la memoria.
El día de ayer, mediante las famosas “redes sociales” me enteré de su muerte y, a través de las mismas, expresé mi asombro y sorpresa porque unas horas antes de ello, el martes 26 de julio, entre las 17:40 y las 20:00 horas, hablamos sobre un proyecto, entre muchos más, que le daban sentido a su vida atravesada por una enfermedad que —según sus propias palabras— podría cercenar su vida, pero que no lo paralizó.
Pues bien, quiero comenzar esta crónica y esta narración a partir del momento en que Mario y yo nos conocimos; corría el año de 1998 cuando era yo docente en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y él, ingresaba al primer semestre de la Licenciatura en Psicología; entre ese año y 2003, fue alumno mío en alguna asignatura.
Desde ese entonces Mario daba muestras de su incansable actitud de búsqueda e investigación, aunque ello le demandara nadar a contracorriente contra las tradiciones y prácticas sociales que él consideraba inadmisibles.
Si la memoria no me traiciona —y espero que no lo haga—, sus intereses y sus actividades le condujeron imperceptiblemente hacia la hermana República de Chile en una búsqueda sin término de los hilos que le permitieran tejer, por así decirlo, las cuestiones ocultas o veladas en torno al Poeta Laureado con el Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda.
Anduvo, anduvo, anduvo —como hubiera escrito el Poeta Prometeico León Felipe, en su poema Escuela— viajando cual Quijote, y no tras su Dulcinea, por Isla Negra, Santiago —de Chile— y acudió a la Fundación Neruda y a cuantos lugares concibió necesarios para encontrar —porque los amorosos, buscan, buscan, pero no encuentran, como describía Jaime Sabines— y entonces peleó contra molinos de viento —otra vez Don Quijote— mientras configuraba el lado oscuro de la luna que no podíamos ver y que era necesario, creía Mario, para saber y conocer al verdadero y no trunco Pablo Neruda.
También fue a la Isla de Cuba, buscando y encontrando más y más hilos que le permitieran tejer esa historia. Allí se encontró con Roberto Fernández Retamar —entonces presidente de Casa de las Américas, después del Poeta Nicolás Guillén— y también ahí se le aparecieron otros molinos de viento y ¡claro que los enfrentó!, como creía era debido.
Regresó a sus orígenes, a Cuautla, Morelos, y allí siguió construyéndose ya no sólo como periodista y escritor, sino como historiador de las influencias de ciertos personajes en el estado de Morelos; de esta manera, a la postre, logró esbozar un mapa cultural del impacto de la obra y acción sobre Morelos de Ignacio Manuel Altamirano, Jesús Sotelo Inclán, Pablo Neruda y José Agustín.
Naturalmente, como es de esperar, Mario deja no sólo una estela o cauda de trabajos publicados, entre ellos artículos culturales para diversos diarios, tanto en el Cono Sur de América, como en México y, desde luego una serie de libros de entre los cuales refiero aquí su trilogía Ignacio Manuel Altamirano en Morelos, Pablo Neruda en Morelos y José Agustín en Morelos.
Esta trilogía desentraña y nos presenta cuestiones que para los diferentes gobiernos e instituciones académicas y culturales del estado no fueron relevantes o fueron completamente desconocidas.
En este sentido, Mario Casasús, no sólo era escritor, periodista, investigador, cronista, historiador, era esencialmente un defensor de ciertas tradiciones culturales en nuestra entidad federativa.
Joven aún, con muchos proyectos y aspiraciones, rondando a su alrededor la guadaña de la muerte, se dio tiempo y espacio para participar en nuestro Canal de YouTube La Comuna de la Palabra, el día seis de julio último, para charlar y dialogar en torno a su libro que presentaría días después en Cuernavaca, Pablo Neruda en Morelos. Cansado de diálisis y otras vicisitudes, abría las puertas para otras actividades, de esta manera, el día 23 de julio, en la histórica estación de ferrocarril de Cuautla presentó su libro José Agustín en Morelos y organizó un sentido y merecido homenaje al escritor José Agustín.
Aún todavía, hablábamos por teléfono el martes 26 de julio ya de tarde, sobre otros proyectos, y no percibía en su voz ni en su actitud señal alguna de su inesperado y doloroso desenlace.
Elegía para Mario Casasús
"La brevedad es el sino de la vida/ etéreos vagamos por el mundo/ y nunca, bajo ninguna circunstancia,/ buscamos la eternidad de la existencia./ Las pugnas que sentido dan a nuestra vida/ nunca dejan de ser constantes seductoras,/ nos atraen y buscan incansables,/ como ninfas con cantos de sirenas./ Más nunca tendremos la certeza/ de vernos, cara a cara, ante un espejo;/ tal vez, tan sólo, esperaremos/ la sonrisa de aquellos que quisimos./ Mario, aquí te vemos y escuchamos,/ más allá de sonidos y figuras/ pues tu esencia vaga con nosotros,/ como aroma nocturnal de algunas hierbas."
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