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Echando tortillas, detalle del mural de Diego Rivera en Palacio Nacional - Foto: Especial

Postmodernidades: Tacos y Letras

“Nunca un dolor tan profundo como despertar con el sabor en la boca de un taco inexistente. Al momento de abrir los ojos, la frustración se alimenta de nostalgia, gula y deseo. Salivamos la muerte, morimos por un segundo”: Borges

POR: Xalbador García, Visitas: 220

Publicado: 25/09/19 06:28

 

En su ensayo dedicado a “La Pesadilla”, Borges habla de los sueños con tacos. La mente es perversa: crea laberintos imaginarios para perdernos en la realidad. Y con su agudeza rutinaria el argentino concluye: nunca un dolor tan profundo como despertar con el sabor en la boca de un taco inexistente. Al momento de abrir los ojos, la frustración se alimenta de nostalgia, gula y deseo. Salivamos la muerte, morimos por un segundo.

En mi pesadilla las sombras se multiplicaban. Íbamos por la potosina Avenida Carranza. Yo comprendía que veníamos de una taquería ubicada en Reforma pero el hambre me acosaba. Las sombras seguían deambulando. Ahora comprendo que eran las ánimas del antojo, almas que han quedado varadas en las conciencia por la falta de satisfacción de tacos. Tenemos que regresar, le decía a Dainerys. Aquí ya no hay taquerías, me contestó en aquel ambiente rulfiano. Desperté empapado de sudor y llanto, y con el estómago exigiéndome comida. Como perro del mercado, preferí dormir para engañar al hambre.

 

II

 

En Cuernavaca los mejores tacos se vendían en La Princesa, frente al Colegio Morelos. Por la mañana de barbacoa, con tortillas hechas a manos. Durante la noche se ofrecían de pastor, suadero y chorizo. A unas cuadras estaban, y siguen, los parados que, tras 40 años de existencia, nos enteramos que se llamaban Los Chaparritos. Hasta la fecha es imprescindible terminar las juergas en esa, la poéticamente llamada “calle del taco”.

En San Luis Potosí los mejores tacos de perro (barbacoa por las mañanas) son los de Chapultepec, esquina Periférico. El puesto se pone en la acera de El Caliente. La calidad se demuestra desde que a la llegada te ofrecen consomé gratis. Por las noches, en el Potosí hay para elegir entre Los Volcanes, El Charco y Las Arandas.

Pero sin duda el puesto más emblemático es el de los Tacos del Gallo, ubicado en la mítica Terrazas 1030 A. Es el único lugar que ofrece el famoso taco “El Xalba”, bautizado así en honor al autor de estas líneas, quien se alimentó por casi ocho años de ese maravilloso manjar. El Gallo me fiaba a mitad de la quincena.

 

III

 

El 31 de marzo se celebra el Día Internacional del Taco y el natalicio de nuestro Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz. Es extraño que las fechas coincidan cuando el poeta no le dedicó ni siquiera una mención al taco en su estudio sobre la mexicanidad. El laberinto de la soledad carece de salsa, cilantro y cebollita. Al parecer Paz se negaba a utilizar la palabra “taco” y, por lo menos, en los doce de los dieciséis tomos revisados de sus Obras Completas no he encontrado referencia alguna al platillo nacional.

En Planet Taco: A Global History of Mexican Food, Jeffrey M. Pilcher muy ahuevo hace coincidir en la misma página al Nobel con los tacos. Lo cita como introducción a la mezcolanza que se da en la comida Tex-Mex, esa cocina donde los tacos pueden ser cualquier cosa menos tacos.

Por lo menos en lo internacional las celebraciones coinciden. Paz es el estandarte cultural más importante de México en el siglo XX (sí, más que Hugo Sánchez, aunque nos duela) y el taco también. Poeta y platillo son reconocidos y celebrados mundialmente. En Miami, los escritores latinos tienen a Paz entre sus autores de cabecera, y los tacos más chingones que he comido aquí los cocinan un par de uruguayos.

 

IV

 

Tacomoloco, tacochino, tacomido… en la taquería El Charco de las Ranas mataron a Paco Stanley. Aún lloramos su pérdida.