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La Guardia Nacional, más de lo mismo en materia de estrategia contra la violencia - Foto: Presidencia

Tiempos Modernos: Estrategia contra la inseguridad

Si la estrategia que se plantea contra el crimen organizado no responde a un diagnóstico de las causas locales, no sirve; aplicar una estrategia generalizada sólo esconde las causas concretas y termina por contribuir a traer más violencia

POR: Jaime Luis Brito, Visitas: 303

Publicado: 24/09/19 11:04

 

El problema con la inseguridad pública y la violencia es que, aunque es un problema general que aplica a prácticamente todo el país, en mayor o menor grado, las causas que lo producen no necesariamente son las mismas. En algunas zonas el problema es alimentado por la pobreza extrema que sirve de caldo de cultivo para que los grupos delincuenciales alimenten sus ejércitos de matones, halcones o cómplices; en otras zonas, los criminales se insertan en las comunidades y producen empleos, fiestas, arreglos y hasta obras públicas.

Ahora bien, hay que hacer un diagnóstico. Es cierto que hay zonas en las que se necesitan acciones urgentes. Pero el problema es que por eso fracasan las actuales estrategias. Se pretende que una estrategia funcione para todo el país sin tomar en cuenta las particularidades de cada lugar, zona, región, entidad. Y siempre, por la urgencia, por lo vistoso, se recurre a acciones en donde el Ejército o los cuerpos policiacos federales (Policía Federal, Gendarmería, Guardia Nacional) o locales (proximidad, Mando Único, Mando Coordinado), tienen el papel principal.

Sin embargo, esas estrategias encuentran la causa principal de su fracaso en no responder a las necesidades locales que dieron origen a la delincuencia o a su acción en ese territorio. Es claro que una estrategia nacional o estatal no puede hacer estrategias específicas, no acabaría nunca, pero por eso, el espíritu del legislador dejó como responsabilidad a los municipios la seguridad pública.

Ahora bien, se ha dicho desde hace más de 12 años que las policías municipales no son confiables y que están infiltradas por el crimen organizado. El problema es que no se ve claramente una estrategia de depuración y fortalecimiento de ellas. Y por lo que se ve, pasará este sexenio y no van a mejorar.

La Guardia Nacional se nos vende como panacea contra la inseguridad. Por primera vez, la estrategia policial se acompaña de programas sociales que tienen la intención de mejorar las condiciones de vida de las familias y los jóvenes para evitar que se unan al crimen. Sin embargo, no tengo la certeza de que estos programas simplemente construyan nuevas formas de corrupción que terminen en clientelas político-electorales.

En todo caso, si la estrategia de combate a la inseguridad no toma en cuenta a las organizaciones de la sociedad civil o a consultores que atiendan en primer lugar a hacer un diagnóstico de las causas locales de la violencia, esto no tendrá fin. Andrés Manuel López Obrador será el siguiente gobierno fracasado en la historia del país, frente al crimen organizado.

Y si no, dígame qué hará la Guardia Nacional frente a estos dos casos:

1) Sierra de Guerrero. En esta zona, desde hace más de 20 años, las familias dejaron de sembrar maíz o frijol, porque no les rendía, los apoyos al campo se acabaron y en lugar de ganar, año con año perdían más y más, hasta casi morir de hambre. Así que decidieron hacer su propia conversión de cultivos. Dejaron de sembrar maíz y comenzaron a sembrar amapola. Así, esas familias salieron de la pobreza, mejoraron sus propios pueblos y construyeron una economía local aceptable. Fueron obligados a hacerlo por el neoliberalismo que acabó con los apoyos a los campesinos. En mayo pasado, el gobierno federal quiso impedir la entrega de fertilizante a estos amapoleros. Se organizaron y con bloqueos y protestas doblegaron en dos minutos al gobierno federal, quien, negándolo públicamente, terminó por entregarles el fertilizante. ¿Qué harán? ¿Qué hará la Guardia Nacional? ¿Detenerlos a todos? ¿Meterlos a todos a la cárcel?

2) Barrio de Cuernavaca. Este año la fiesta patronal fue como nunca. Hace algunos años debieron suspenderla por la terrible violencia en ese territorio. Este año no. Duró de hecho ocho días. Banda y chinelos, o mojigangas, vistieron sus calles durante esa semana. La comunidad se reencuentra cada año en las calles al ritmo de la tambora y el brinco. La fiesta en paz. De hecho, la banda de viento ahora es local. Chavos de la propia comunidad tocaron hasta que los labios o las manos se les hincharon. La gente estuvo feliz. La fiesta fue pagada por integrantes de un grupo criminal, quienes no sólo ofrecieron todo eso a la comunidad, sino a la propia parroquia. Nadie se dio por enterado, por primera vez en años la fiesta en paz. ¿Qué hará la Guardia Nacional? ¿Intentará acabar con el grupo que ahora se ha hecho cargo de las tradiciones del barrio? ¿En serio?

Son preguntas que alguien debe responder. La presencia militar en las calles ha demostrado en 12 años que no sólo no puede acabar con un monstruo de mil cabezas, con una hydra, como la delincuencia organizada, también es claro que su presencia, por sí sola, afecta los derechos y la libertad de las personas. Si no se cambia la estrategia con base en un diagnóstico, no sirve. Aplicar estrategias generalizadas sólo encubre las verdaderas causas y acaba por traer más violencia. Las ocurrencias no funcionan, sean de un presidente muy legítimo o del último alcalde del país.

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