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La protesta protagonizada por mujeres contra policías violadores en la Ciudad de México - Foto: Especial

La fiscalización del glitter

Lo ocurrido en protesta contra policías violadores de mujeres en la Ciudad de México, las autoridades pusieron el énfasis en la forma y aprovecharon para dejar de lado el fondo, contribuyendo así a la protección de los agresores

POR: Adriana Figueroa, Visitas: 706

Publicado: 13/08/19 03:34

 

Fiscalización del tono es un término que, en pocas palabras, hace referencia al acto de restar importancia a un argumento debido al tono en el que se ha expresado, algo así como cuando le reclamas a la persona con quien vives el hecho de que nunca levanta ni un plato, pero como se lo dices gritando (derivado del infinito hartazgo que ello provoca), entonces el foco se coloca en el hecho de gritar en lugar de en el hecho de no colaborar en el hogar; se te señala por ser gritón o gritona, porque siempre gritas, porque siempre exageras… Y es que si lo hubieras pedido de buena manera los platos ya estarían lavados.

Y ahora, al arrojar brillantina a la espalda de un funcionario público, la atención de las “autoridades”, los titulares informativos, las opiniones y los sentires de cientos (quizá miles) dirigen la atención a la violencia, provocación, desorden… de un grupo de mujeres que se manifiestan para exigir justicia ante la cínica impunidad de nuestro Estado, pero que, para variar, lo han hecho del modo incorrecto.

Se fiscaliza para desviar la atención. Se fiscaliza porque se asume que la forma es más importante que el fondo. De sobra sabemos que a las mujeres siempre se nos han cuidado las formas: siéntate bien, compórtate como una dama, una mujer no habla de esa manera. Se fiscaliza desde una posición con el suficiente privilegio y superioridad sobre la otra como para corregir las formas e instruir sobre las que son correctas. Ese privilegio puede operar desde la clase social, la etnicidad, el género u otras dimensiones.

La fiscalización surte efecto cuando se cuenta con una estructura que desestima el hacer y decir de unos/as. Una fiscalización exitosa es incluso performativa, es decir, produce la realidad que nombra: logra hacernos ver a un tumulto de mujeres alocadas, descontroladas, realizando daño en el espacio público, desmesuradas en la forma de exigir justicia, ciegas ante las mesas de diálogo, vándalas con los bolsillos llenos de letal brillantina.

Me parece que fiscalizar también permite capitalizar el dolor y la injusticia ajena en beneficio propio. Y es que, muchas mujeres (y feministas) votaron por Sheinbaum ¿o no? Ahí tienen su merecido. Claro, porque la derecha misógina y corrupta de toda la vida era mejor opción. Nuevamente, dejar de ver el fondo para castigar las malas decisiones y culpar a las votantes por la conducta de los violadores. No importa la víctima, nunca importa la víctima.

¿Qué tan coherente es acusar a las formas cuando se nos demuestra día a día que son las mismas formas las que revictimizan a las víctimas?

¿Quien está legitimado/a para acusar las formas al tiempo que se obvia la violencia sistémica que detona dichas formas?

Mujeres del mundo: ¡Cuidad las formas! ¡Reservad el glitter para iluminar sus párpados en una cena de gala! No se use jamás para dar luz a vuestros gritos enfurecidos por este Estado que respalda a quien os viola y mata.