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“Proceso no se portó bien con nosotros”, dijo el presidente López Obrador en su conferencia mañanera del pasado lunes (Imagen de Octavio Gómez de ProcesoFoto) - Foto: Especial

Tiempos Modernos: ¿Quién se porta bien, señor Presidente?

El Presidente carga contra la prensa que le es incómoda, pero no toca a sus amigos, algunos de los cuales están relacionados con casos de corrupción que han hecho millonarios daños al país

POR: Jaime Luis Brito, Visitas: 515

Publicado: 24/07/19 07:40

Andrés Manuel López Obrador carga contra la prensa que no le aplaude, que investiga y desentraña las corruptelas de sus amigos. Enrique Peña Nieto, a quien no ha tocado ni con el pétalo de una auditoría, metido hasta las manitas en el asunto Pémex-Fertinal, lo mismo que su “asesor” Ricardo Salinas Pliego, quien está metido hasta la cocina en su Cuarta Transformación. Nadie puede decir en su sano juicio que estos dos, al menos, no han sido dos de los grandes saqueadores de México, y sin embargo, el Presidente dice que “no tengo en mi ánimo la venganza”, no al menos para los corruptos, porque si se trata de los medios, a esos sí es capaz de ridiculizarlos y señalarlos peligrosamente en un país donde la vida de los periodistas no vale nada.

“Proceso no se portó bien con nosotros”, dice con dedo flamígero, mientras el ciudadano promedio se pregunta quién sí se porta bien. ¿Quién se porta bien, señor Presidente? Carlos Lomelí, su amigo personal, a quien hizo candidato a la gubernatura en Jalisco y luego no pudo ganar, perdió contra un candidato del Movimiento Ciudadano. Entonces, decidió hacerlo su súperdelegado en esa entidad. Hace unos días debió renunciar porque resulta que se ha beneficiado de más de mil millones de pesos en contratos dados a empresas en las que él aparece o que él representa. ¿Él sí se porta bien? Porque lo que hizo es un delito, no basta con que haya renunciado, debe castigarse el conflicto de interés y la corrupción en la que incurrió. No fue antes de su gobierno, fue durante su gobierno.

¿Quién se porta bien, señor Presidente? Alfonso Romo, su jefe de la oficina de la Presidencia, cuya familia tiene un cúmulo de empresas y que se estarían beneficiando de la información privilegiada a la que tiene acceso su patriarca. Ya lo señaló Carlos Urzúa, exsecretario de Hacienda y Crédito Público en su carta de renuncia y lo confirmó en la entrevista dada a la revista Proceso la semana pasada: la presencia de Romo en el gabinete y el hecho de que haya impuesto al titular del SAT y otros, se consideraría un conflicto de interés.

¿Quién se porta bien, señor Presidente? ¿Aquellos que le aplauden con fe ciega, la misma que se profesa por un mesías salvador? ¿Esos que acríticamente consideran que transformar al país es pulverizar los recursos de los programas sociales para crear clientelas electorales que luego salgan a votar para mantener el nuevo régimen, a costa de las políticas públicas que a la ciudadanía le costó muchos años construir? ¿Los que ayer marchaban contra la militarización y hoy, porque así lo dice el tlatoani, aseguran que no hay otra alternativa? ¿Los que se incrustaron en algún espacio de la vida pública a pesar de no tener el perfil, como por ejemplo quienes han sido nombrados en la Comisión Reguladora de Energía?

El Presidente es excelente comunicador, pero no entiende la labor de los medios de comunicación. Su labor no es portarse bien con nadie, es fiscalizar al poder. Nadie puede decir que Proceso le hizo el juego a alguno de los gobiernos anteriores, ¿qué esperan de la revista? ¿Que aplauda a López Obrador? ¿Por qué lo haría? ¿Hay que aplaudir que haya incluido a corruptos en su gabinete? ¿Hay que aplaudir que haya desmantelado políticas públicas importantes como las estancias infantiles o los albergues de mujeres en situación de violencia (al final, no pudo con estos últimos, pero lo intentó)? Y espere usted, lo que sigue es acabar con la autonomía de las universidades públicas.

Eso que llama transformación, parece más bien un retroceso. Un regreso al pasado, aunque este México ya no es el de los años 50. Al menos en eso confío.