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Perú, en vilo - Foto: Especial

Archipiélago de libertad: Perú, la república inconclusa

Testimonio de lo que ocurre en el país andino, luego de la segunda vuelta que ha polarizado a una ciudadanía plural; por un lado, los Fujimori, por el otro, Pedro Castillo; ni a cuál

POR: Juan Jesús Güere, Visitas: 82

Publicado: 14/06/21 02:54

 

La lepra no se cura escondiéndola con guante blanco —escribía Manuel González Parada en «Anarquía». Hoy, no podríamos estar más seguros de la vitalidad y la actualidad de las ideas del anarquista peruano ya mencionado. Puesto que, estamos viviendo una segunda vuelta electoral, en medio de la incertidumbre, el miedo, la impotencia y las ansias de poder. Por un lado, se encuentra la candidata Keiko Fujimori, con la carga de un pasado fujimorista ligado a torturas, matanzas, asesinatos y corrupción por doquier, heredera de los retazos de una dictadura ramplona y totalitaria instaurada por su padre Alberto Fujimori en los 90. Por el otro lado, se encuentra Pedro Castillo, con la carga de un stalinismo podrido y putrefacto, el populismo y el discurso de odio y lucha de clases. Con una momia castrista que lo persigue y una horda de revolucionarios que han prostituido la categoría “pueblo”. ¡Ambos, sin duda alguna, no podrán curar la lepra del Perú, menos aún con guante rojo o naranja!

Lo cierto es que la mitad del Perú está enfrentada a la otra mitad. A esta hora según los datos de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), al 97,789% de actas procesadas y 96,146% de actas contabilizadas, se puede observar que Pedro Castillo (Perú Libre) obtiene un 50,203% y Keiko Fujimori (Fuerza Popular) tiene un 49,797%. Aún se disputan el destino de una República inconclusa en un escenario donde todo puede pasar.

Esta especie de oclocracia a la que nos han condenado los últimos presidentes, gobernadores regionales y demás autoridades provinciales y distritales, ha envenenado el alma y ha levantado barreras de odio y exclusión para afianzar la miseria y la confrontación. Cual pueblo enfermo, hemos excluido y despreciado a quienes no piensan como nosotros. Hemos pensado demasiado y sentido muy poco. Hemos olvidado la hermandad universal entre nosotros.

La amnesia colectiva nos ha cegado frente a los sistemas que torturan, persiguen y encarcelan a personas inocentes. Nos han esclavizado con tal de mantener un trabajo, cuadriculado con tal de no cuestionar al amo y, cebado, con tal de no perder nuestros privilegios. Porque la mayoría solo somos carne de cañón de ideologías caducas y fallidas. Porque nos hemos convertido en seres-parlante, en hombres máquinas, con cerebros y corazones de máquina en defensa a colores políticos que poco o nada han aportado al país. 

Ambos grupos políticos gritan: «fraude» cada vez que la ONPE posiciona al contrincante en ventaja frente al otro. Salen a las calles y van afirmando: Clamor del “pueblo” —si van ganando—. Fraude al “pueblo” —si van perdiendo—. Ejemplificando una especie de disonancia cognitiva, una posverdad ideológica y una subjetividad comprometida con los intereses personales. Olvidando que somos todos los que tenemos el poder, el poder de crear futuros y conquistar una felicidad plena. Hemos renunciado a tener una vida maravillosa, más allá de la xenofobia, la discriminación y la ambición frente a las elecciones.

Sean cual fuesen los resultados, usemos ese poder para actuar de forma correcta. Luchando por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad —como bien dijera Charles Chaplin—. Coadyuvando todos para respirar paz en el mundo y derribar las barreras nacionalistas, los colores políticos y los discursos populistas. Para eliminar la violencia, la ambición, el odio a nuestros semejantes y la intolerancia frente a quien no piensa como nosotros.

Construyamos un planeta donde la ciencia, el progreso, la libertad, igualdad y fraternidad nos conduzcan a todos hacia la felicidad. Peruanos, hermanos de Latinoamérica y el Caribe, es momento de una República ampliada a escala planetaria, donde quepan todas las culturas, las cosmovisiones y las manifestaciones originarias. El homo politicus tiene que evolucionar.

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