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Dos años de Masiosare.org - Foto: Masiosare

El camino de la vida: Memoria Autobiográfica/y III

¿Qué es eso de la “Memoria Autobiográfica” y cuál es su papel en la construcción de la identidad, la mismidad, la autoconciencia y el sentido de pertenencia?; con esta entrega concluyen las tres partes de este ensayo

POR: J. Enrique Álvarez Alcántara, Visitas: 185

Publicado: 08/05/21 07:19

 

Al Dr. Jesús Ramírez-Bermúdez

Al Dr. Erwin Villuendas González

 

“Hay quienes imaginan el olvido/ como un depósito desierto / una/ cosecha de la nada/ y sin embargo el olvido está lleno de memoria (…)  hay rincones del odio por ejemplo/ con un rostro treinta veces ardido/ y treinta veces vuelto a renacer/ como otro ave fénix del desahucio (…) hay arriates de asombro/

con azahares sedientos de rocío/

hay precarias lucernas del amor/ donde se asoman cielos que fueron apagados/ por la huesuda o por la indiferencia/

y sin embargo siguen esperando (…) hay quienes imaginan el olvido/ como un depósito desierto / una cosecha de la nada y sin embargo el olvido está lleno de memoria.”

-Mario Benedetti, ¿Cosecha de la nada?

 

Primera Digresión. El miércoles 05 de mayo el Canal de YouTube La Comuna de la Palabra realizó un programa denominado Diálogos sobre la Comuna de la Palabra conmemorando el tercer aniversario del mismo; en este diálogo participaron Carolina Iglesias, Juan Jesús Güere, colaborador de Masiosare, y René Santoveña, habiendo coordinado el mismo Erika Abarca.

Celebrar un año más de existencia como un espacio de diálogo, reflexión, análisis de diversos temas, con la participación de más de cien colegas y amistades, era justo y necesario.

En nuestro mundo globalizado y expuesto a la infodemia, a los atracones de datos inconexos, opiniones catárticas, descargas emocionales y reacciones de carácter (presentadas sin tapujo alguno en las llamadas “redes sociales”), era necesario disponer de un espacio que proveyera tiempo, modo y lugar para la reflexión sobre diversos segmentos de lo real.

Pues bien, ello ha sido posible con este Canal de YouTube y por ello invito a seguir a La Comuna de la Palabra mediante sus charlas, monólogos, conferencias y mesas de reflexión debate y discusión que los días miércoles, a partir de las doce horas, se realizan En Vivo por las páginas de Facebook de La Comuna de la Palabra, Neuropsicología del Desarrollo, y de quien escribe esta columna semanalmente.

Segunda Digresión. El miércoles 05 de mayo este medio informativo, Masiosare, cumplió un año más de existencia, su segundo aniversario. No puedo menos que felicitar a quienes idearon y materializaron este recurso informativo y periodístico.

Jaime Luis Brito y otros colegas con él, posibilitaron que una columna como la que aquí presento a ustedes, amables lectores, El Camino de la Vida, entre otras más que aquí podemos seguir, comparta a ustedes ideas, pensamientos, sentimientos, emociones, reflexiones y análisis diversos.

Por ello mismo no puedo dejar de felicitar a todos los que colaboramos porque es un espacio que nos permite escribir y ser leídos. Escribir nos ayuda a no extinguirnos, pero también a tratar, tan solo ello, de acariciar con las palabras los oídos y los ojos de los otros que no son nosotros. Nos proporciona las herramientas y los útiles que permiten trascender esta era de confinamiento y distanciamiento físico y darnos cuenta que no estamos solos, que otros, en otros lugares, comparten su palabra que la pandemia no nos ha arrebatado. ¡Por fortuna!

Este espacio nos ofrece la alfombra mágica que transporta de aquí para allá, o acullá, o allende el mar, las palabras con las cuales queremos seducir, transformar la indiferencia en interés y el interés, algún día, en necesidad, de otros que no son nosotros, pero que, como nosotros, tienen sus palabras y sus pensamientos.

¡Enhorabuena por Masiosare!

 

Ahora sí, la Memoria. Como hemos venido exponiendo a lo largo de las dos colaboraciones precedentes, la memoria ocupa un lugar privilegiado en nuestra vida cotidiana. Asimismo, ha quedado claro que, en realidad, discurrir sobre la memoria nos demanda reconocer que no podemos pretender comprenderla si no la valoramos como melliza inseparable del fenómeno del olvido.

Parece evidente que nadie, bueno, casi nadie, es capaz de retener todos y cada uno de los acontecimientos que suceden a lo largo de la vida.

Sirva de ejemplo el acto de habla o de escritura; éste permite transmitir a través de las palabras un conjunto de ideas o pensamientos, emociones o sentimientos, a otros seres que al escucharlas, o leerlas, una tras otra, comprenden, o lo intentan al menos, el sentido o el significado de lo expresado por quien emite el mensaje; empero, podemos admitir que el receptor del mensaje no retiene todas y cada una de las palabras, sino que, mediante procesos cognoscitivos –de los cuales puede o no tener plena consciencia— asegura el proceso de la comprensión, la cual requiere de una retención muy corta de las palabras y después el olvido de las mismas para atrapar el significado de las ideas. A este microproceso se le conoce como Memoria de Trabajo.

Es sabido también que a lo largo de la vida hemos aprendido una serie de actos que se automatizan y que operan sin requerir, casi, de la participación de otros procesos intrapsicológicos tales como la atención; estos actos operan automáticamente; la automatización permite que nuestro sistema cognoscitivo se libere de tales actos para realizar sucesivamente tareas de mayor complejidad; entre los actos considerados aquí puedo referir el caminar. Algunos estudiosos de la memoria denominan ésta característica como Memoria Automática o Memoria Procedimental (asquerosamente traducida del inglés como procedural).

Ahora bien, considérese que el ejemplo presentado dos párrafos antes alude a la memoria relacionada con el lenguaje a través de los actos de habla articulados fonéticamente; podemos pensar que los “actos de habla” signados por una lengua de señas, por un alfabeto Braille o por un intermediario Lorm, utilizados por personas sordas, o ciegas o sordo-ciegas, se encuentran sujetas a este mismo principio: Memoria y Olvido son inseparables. La memoria sin el olvido, poco sensible a nuestra imaginación tal evento, es o ha sido impensable.

La memoria, naturalmente, se relaciona con cualquier tipo de información sensorial; auditiva, visual, olfatoria, gustativa, somatosensorial o táctil; por ello puede haber recuerdos para los cuales no o no existen las palabras que ayuden a referirlos, pese a ser parte de nuestra memoria. Podemos recordar olores, sabores –agradables o no—, movimientos, posturas, sensaciones corporales que permanecen con nosotros y, sin embargo, no podemos nombrarlas (porque no existen las palabras para ello, porque las hemos olvidado, o porque tales recuerdos nos halan a lugares pavorosos donde se hallan otros recuerdos, reprimidos en lo más recóndito, que nos hunden irremediablemente dentro de un socavón doloroso lleno de angustia, ansiedad y desesperación).

Memoria, olvido, comprensión de sentidos y significados, emociones y afectos o sentimientos, parecen un colectivo inseparable sistémicamente y, tal vez por ello, el olvido sea un bálsamo, un analgésico o un alivio para quienes sufren. Si la fuente del dolor y la angustia, ansiedad y desesperación se encuentra en sucesos o circunstancias que grabadas quedaron en la memoria como recuerdos, pregunto: ¿Qué mejor mecanismo de defensa psicológico permite refundir en la casi inexistencia tales sucesos? La respuesta parcería obvia: El olvido.

En el epígrafe de la primera colaboración de esta trilogía citaba a Sor Juana Inés de la Cruz, la cual, a través de un soneto, recurría a la metáfora del olvido, los recuerdos y los pensamientos.

Aquí recurro al poeta uruguayo Mario Benedetti y a su poemario El olvido está lleno de memoria (Editorial Sudamericana, Buenos Aires), y más particularmente a dos de sus poemas; Ese gran simulacro y Olvidadores:

 

Ese gran simulacro

 

“Cada vez que nos dan clases de amnesia/ como si nunca hubieran existido/ los combustibles ojos del alma/ o los labios de la pena huérfana/ cada vez que nos dan clases de amnesia/ y nos conminan a borrar/ la ebriedad del sufrimiento/ me convenzo de que mi región/  no es la farándula de otros./

En mi región hay calvarios de ausencia/ muñones de porvenir / arrabales de duelo/ pero también candores de mosqueta/ pianos que arrancan lágrimas/ cadáveres que miran aún desde sus huertos/ nostalgias inmóviles en un pozo de otoño/ sentimientos insoportablemente actuales/ que se niegan a morir allá en lo oscuro./

El olvido está tan lleno de memoria/ que a veces no caben las remembranzas/ y hay que tirar rencores por la borda/ en el fondo el olvido es un gran simulacro/ nadie sabe ni puede/ aunque quiera/ olvidar/ un gran simulacro repleto de fantasmas/ esos romeros que peregrinan por el olvido/ como si fuese el camino de santiago./

El día o la noche en que el olvido estalle/ salte en pedazos o crepite/ los recuerdos atroces y los de maravilla/ quebrarán los barrotes de fuego/ arrastrarán por fin la verdad por el mundo/ y esa verdad será que no hay olvido.”

 

Olvidadores

 

“No olvidadizos sino olvidadores/ he aquí que también llegan/ entre otras herrumbradas circunstancias/ la degeneración / las taras del olvido/

la falsa amnesia de los despiadados.

es ilusión de estos olvidadores/ que los otros las otras los otritos/ no sigan recordando su vileza/ pero son fantasías sin futuro ni magia./

si la sangre de ayer alcanzó a Macbeth/ cómo no va a alcanzar a estos verdugos/ de pacotilla y pesadilla./

perdí la compasión en el casino/ por eso les auguro y les propongo/ insomnios con plañidos puteadas mutismos/ cuerpos yertos desnudos nunca más seductores/ ojos empecinadamente abiertos con miradas capaces/ de taladrar cerebro y corazón./

no olvidadizos sino olvidadores./

ocurre que el pasado es siempre una morada/ pero no existe olvido capaz de demolerla.”

 

Como puede apreciarse, entre la fenomenología, la poesía y las ideas de Freud, en torno a la memoria y el olvido, hay una cercanía inevitable. Sin embargo, aún es preciso resaltar el hecho de que los fenómenos relacionados con las amnesias, las paramnesias, o memorias “prodigiosas” nada tienen que ver con la psicopatología de la vida cotidiana ni con el olvido o la creencia del olvido.

Estos tres conceptos se relacionan con tres fenómenos relacionados con la Psicopatología mayor, con la neuropsicología o con lo insólito.

La amnesia es comprendida como: “Conjunto de alteraciones en los procesos de grabado, retención o recuperación de la información (de la memoria), como consecuencia del daño en ciertas estructuras del encéfalo (Luria, 1963)” (J. Enrique Alvarez Alcántara, Temas selectos de psicología y neuropsicología, con un glosario de términos en psicología y neuropsicología. Alicante, Letrame, 2021. P. 235-237).

Con esta suerte de definición podemos comprender que la amnesia no se refiere a los eventos que antes de estas referencias hemos descrito; los mismo podía decirse del término paramnesia; por ésta se entiende: “Alteración de la memoria que se caracteriza por la distorsión de los recuerdos. El sujeto tiene falsos recuerdos (que cree verdaderos) y que sustituyen a los hechos reales que no puede recordar. Incluye la fabulación, la seudología fantástica, los falsos reconocimientos y la ilusión del «ya visto» y «ya vivido». Aparece con bastante frecuencia en los cuadros de alcoholismo crónico y en los síndromes orgánicos cerebrales”. (https://www.cun.es/diccionario-medico/terminos/paramnesia).

Pese a estas dos precisiones resta aún el asunto de “los excesos” de la memoria. Jorge Luis Borges en su narración (¿cuento?) corto, Funes el memorioso dice al inicio: “Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto) con una oscura pasionaria en la mano, viéndola como nadie la ha visto, aunque la mirara desde el crepúsculo del día hasta el de la noche, toda una vida entera”.

Néstor Braunstein, es su capítulo Aleksander Luria, el Shostakovich de las Neurociencias, de su Libro La memoria, la inventora (Siglo XXI, México, 2008) expresa directamente: “Aleksandr Romanovich Luria (1902-1977) fue un celebérrimo psicólogo y neurocientífico ruso (“soviético” se decía en sus tiempos) que mostró dos sorprendentes casos, posiblemente paradigmáticos, tanto del déficit como del exceso de la función de recordar y de su correlato, el olvido. Son los casos de Shereshevsky (Sh., el mnemonista) y de Zasetsky (Z., el amnésico), de los que nada sabríamos sin los pormenorizados detalles que de ellos nos dejó el famoso psicólogo, el representante más renombrado en su época de la psicología de su país, que nació en Kazán, la capital de Tartaria”.

Braunstein refiere aquí, sin duda alguna, dos de los trabajos emblemáticos de A.R. Luria dentro de lo que el mismo neuropsicólogo soviético refirió como “ciencia romántica”, El Hombre con su mundo destrozado (Granica, Buenos Aires, 1973) y La Mente del Mnemónico (Trillas, México 1983).

Dos procesos aparentemente contrapuestos, pérdida o exceso.

Hablar de los trastornos de la memoria demanda una precisión esencial, antes de ir a los clásicos elementos de la memoria alterada en sus aspectos relacionados con el proceso de grabado retención o recuperación de la información. Es imprescindible destacar si se trata de pérdidas o excesos o, más aún, de creencias de falsos recuerdos, llamadas paramnesias.

Y, todavía más, considerando que la memoria no es una ente autónomo e independiente del sujeto de la actividad psíquica, es necesario reconocer que estas alteraciones o trastornos impactan la estructura completa de la personalidad de quien adolece de dicho problema y, desde luego, trastoca el conjunto de relaciones que establece con sus semejantes, afectando también a los otros que se relacionan con él.

Estas dos formas de “alteración de la memoria”, con harta seguridad, impactarán el curso autobiográfico, la identidad, el sentido de pertenencia y, desde luego, sus vivencias a lo largo del tiempo… Recordemos que tanto Shereshevsky (Sh., el mnemonista) como Zasetsky (Z., el amnésico) o, en su caso Irineo Funes, fueron narrados por un tercer personaje, el narrador, A.R. Luria y Jorge Luis Borges. No hay autobiografía.

En cualesquiera dos de las alteraciones, la autobiografía se trastoca, quizás de manera distinta, pero la autobiografía cambia porque la vida misma cambia.

Lo mismo sería concebible en la paramnesia.