Masiosare agencia de noticias

Masiosare
Niño afectado por la talidomida - Foto: Especial

El camino de la vida: Industria químico-farmaceútica y geopolítica

Reflexiona sobre como los intereses económicos de las grandes empresas químico farmacéuticos han prevalecido sobre los intereses de la salud pública y de las personas desde sus orígenes

POR: J. Enrique Álvarez Alcántara, Visitas: 208

Publicado: 29/03/21 01:27

 

“El pasado 9 de septiembre de 2012, poco después del 50 aniversario de la descripción del efecto teratógeno de la talidomida, Grünenthal, la compañía farmacéutica que la descubrió y comercializó, pidió por primera vez disculpas públicamente por las graves malformaciones provocadas por el fármaco en niños cuyas madres embarazadas tomaron el medicamento. Durante el acto, se inauguró en Stolberg (Alemania) una escultura de bronce en conmemoración a los afectados representados por una niña sin brazos y con una malformación en los pies sentada en una silla y junto a otra vacía. Las palabras utilizadas en el discurso por el director ejecutivo de la compañía han sido consideradas como inapropiadas, insuficientes y tardías por las asociaciones de víctimas de países como Alemania, Gran Bretaña, Japón, Canadá, Australia y España. Todas ellas coinciden unánimemente en que las disculpas carecen de sinceridad, que no se corresponden con la responsabilidad judicial, las irregularidades en el proceso de comercialización de la talidomida y la negativa a proporcionar una compensación económica y recursos sanitarios suficientes a las víctimas” (Talidomida: una historia inacabada).

Con este párrafo inicia el artículo con el cual deseo presentar una reflexión sobre la “Guerra de las Vacunas” contra el covid-19 que hoy es muy evidente.

Como quienes se han dedicado a ello sabrán, la Talidomida fue un fármaco de elección, posterior a la Segunda Guerra Mundial, que debido a sus propiedades sedantes e hipnóticas, lo tornaron en una alternativa distinta al uso de los barbitúricos. En el año de 1957 se autorizó su venta para el tratamiento sintomático de las náuseas y los vómitos durante el embarazo en varios países. Inmediatamente después se exportó con más de 80 nombres comerciales a 50 países, con excepción de Francia y Estados Unidos, donde no se autorizó.

La Talidomida se sintetizó y produjo, de modo casi simultáneo, primero por la empresa farmacéutica suiza Ciba en 1953 y, un año más tarde (1954), por la empresa alemana Chemie Grünenthal.

Unos meses después de su distribución y comercialización, en varios países de Europa comenzó a asociarse con una serie de efectos secundarios teratogénicos conocidos como amelias, hemimelias o focomelias en los niños recién nacidos de madres que ingirieron los fármacos que contenían la Talidomida.

De manera sumamente rápida el número de recién nacidos afectados en Europa, Sudamérica y Asia alcanzó la friolera de más de 80 mil menores, según algunas estimaciones, sin considerar, desde luego, a los que murieron durante la etapa intrauterina o poco después de su nacimiento.

Por esta razón, “un juicio penal contra los responsables de la empresa farmacéutica, Chemie Grünenthal, fabricante y distribuidora de la Talidomida, dio comienzo el 27 de mayo de 1968, en la entonces República Federal de Alemania. Sin embargo, en un juicio sumamente rápido, con una duración de dos años, la industria en cuestión, a pesar de las evidencias, negó su vinculación con la tragedia; contando con la complicidad de gran parte de la industria farmacéutica, pues había interés en ello: una aceptación de la responsabilidad elevaría las primas de seguros de la misma industria, obtuvo una sentencia favorable. Los responsables quedaron libres y, todavía más: la sentencia otorgaba la inmunidad frente a cualquier proceso penal que se pudiera plantear posteriormente” (Cincuenta años del juicio sobre la tragedia de la Talidomida).

Cincuenta años después, como señalamos en el primer párrafo de esta colaboración, la empresa en cuestión ofreció tan solo una disculpa.

Hacia el año de 1971 el Director de Cine Werner Herzog, alemán, produjo y editó un programa para televisión, que quedó para la posteridad como un documental, dedicado a la situación que viven diversas personas con discapacidad motriz y sus familias, entre ellos algunos sobrevivientes del uso de la Talidomida. El documental lleva por título El futuro mutilado.

Basten estos primeros referentes para mostrar que los intereses económicos de las grandes empresas o de los emporios químico farmacéuticos han prevalecido sobre los intereses de la salud pública y de las personas desde sus orígenes

 

**

 

Este domingo 21 de marzo del 2021, el diario italiano, Il Manfesto, en su página 12, publicó un artículo de Mauro Capocci cuyo título es esclarecedor: Geopolitica Medica y, sin embargo, considero debió intitularse Geopolítica de la Industria Químico-farmacéutica.

El artículo en cuestión narra el affaire político-económico del descubrimiento, producción y distribución de la Penicilina, por Fleming (quien recibió el Premio Nobel por ello, en el año de 1945), y sobremanera, de sus usos durante la denominada “Guerra Fría”.

En su párrafo segundo expresa, sin más: “Los productos farmacéuticos no son nuevos en ciertos eventos geopolíticos: los medicamentos son más que sólo productos básicos, y cuanto más importantes son, mayor es el riesgo de que se utilicen para otros fines distintos a la salud de los ciudadanos. Un ejemplo de ello es la penicilina: una droga milagrosa, con razón aclamada como una revolución terapéutica, celebrada con un Premio Nobel otorgado en 1945 a Alexander Fleming, Howard Florey y Ernst Boris Chain, y como un símbolo de la ciencia al servicio de la humanidad”. (Mauro Capocci. Il Manifesto, 21 de marzo del 2021, p. 12. Traducción libre mía).

Pero… párrafos más adelante Mauro Capocci escribe: “Pero... para toda la humanidad? No de inmediato. Mientras que la creación de Sir Fleming fue exaltada en todo el mundo, no en todas partes se podía acceder al preciado producto del moho. Y no por escasez, sino por el control activo ejercido por Estados Unidos y Gran Bretaña sobre la exportación del primer antibiótico y las tecnologías para producirlo, para que no llegaran a los países comunistas de Europa y Asia hasta mediados de la década de 1950”.

Quedaba claro que, según expresa Mauro Capocci, cuando el “idilio” de posguerra y la alianza entre Occidente y los soviéticos terminaron en 1947, la penicilina y las tecnologías relacionadas se consideraban estratégicas, así como las armas. En consecuencia, los Estados Unidos y el Reino Unido, prohibieron la exportación de penicilina a los países del bloque comunista y China también fue incluida.

Téngase en cuenta que por esa misma época la recién creada Organización Mundial de la Salud (OMS), proclamaba: “que las naciones cooperaran para difundir dispositivos y medicamentos esenciales para la salud, incluida la penicilina”.

Por otro lado, como se halla documentado, “con el inicio de la Guerra de Corea en junio de 1950, la represión estadounidense de la penicilina se fortaleció aún más: las licencias de exportación también fueron suspendidas a los países occidentales aliados, tanto que en el invierno de 1951 Italia sufrió una escasez de antibióticos. La escasez de la droga dejó en claro cómo la penicilina estaba sujeta a mecanismos de propaganda internacional y sus conveniencias políticas”.

No será necesario abundar sobre este asunto para comprender lo que significa la presencia de la gran Industria químico-farmacéutica dentro de la geoestrategia económica, política y militar.

Vamos, para cerrar este segundo punto, a referir una idea que Mauro Capocci refiere en los argumentos estadounidenses: “el equipo necesario para producir medicamentos, según el ejército estadounidense, también podría ser utilizado para producir armas biológicas”.

 

***

 

El mensuario Le Monde Diplomatique, del mes de marzo del 2021, en su página 22, publica un artículo firmado por Frédéric Pierru, Frédérick Stambach y Julien Vernaudon, intitulado Les brevets, obstacles aux vaccins pour tous (Las patentes, un obstáculo para la vacunación para todos).

El artículo de referencia comienza, en la primera página del mensuario, con una afirmación como ésta: “Aunque se haya conseguido producir las vacunas contra la covid-19, gracias a grandes sumas de dinero público, las empresas farmacéuticas las venden al mejor postor. Cuando ello es posible, aceptan reservar algunas dosis para sus propias naciones. Sin embargo, ¿y si los gobiernos obligaran a suprimir el derecho de propiedad intelectual para que los países capaces de producirlas fabriquen vacunas para los demás?” ¿qué pudiera suceder?

En el artículo sus autores manifiestan: “El 18 de enero de 2021, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, denunciaba un panorama desolador: «Más de 39 millones de dosis de la vacuna se han administrado a día de hoy en al menos 49 países de renta alta. Solo 25 dosis se han administrado en uno de los países de menores ingresos. No veinticinco millones; no veinticinco mil; sólo veinticinco. Habló de la probabilidad de un "fracaso moral catastrófico»”.

Somos testigos de una lucha encarnizada, mediática, económica, política y geoestratégica entre empresas como Pfizer, AstraZeneca, Moderna, Gemalaya, CanSino, SinoPharm y, faltaba más, las desarrolladas en la isla de Cuba. Siete vacunas en “el mercado”, países como Reino Unido, Alemania, Estados Unidos, Rusia y China se encuentran en el centro de esta conflictiva.

Tan sólo la capacidad de producir la suficiente cantidad de productos para distribuirlos en el resto del mundo ya demanda un esfuerzo descomunal, no refiriendo su distribución y, desde luego, la recepción, distribución y aplicación dentro de cada una de las naciones.

Considerar que los intereses económicos de las industrias farmacéuticas y de las diferentes naciones del orbe, así como los intereses geopolíticos de las naciones más ricas y poderosas liberarán este producto y lo pondrán a disposición de la población de todo el orbe, de modo tal que sea posible, por vez primera, asegurar la producción y distribución universal y gratuita de la vacuna requiere una buena dosis de ingenuidad.

Hoy queda claro que el problema trasciende a cada una de las naciones, como entidades, y demanda una unidad de acción geoestratégica para avanzar en esta dirección.

De otro modo seguiremos la ruta de un modelo aberrante, excluyente, depredador y éticamente inadmisible.

Las bravatas que dentro de cada nación se muestran, de no considerar esta circunstancia y anclar únicamente sus anatemas en proyecciones de coyuntura electoral, se atarán a mezquinos intereses sin futuro.