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La "kaguasaki", básico ingrediente para la interacción - Foto: Especial

La verdadera voz de los Milli Vanilli: La bondad de las caguamas

Reflexiona sobre la unión que entre estudiantes universitarios significa la cerveza de tamaño familiar; mientras la botella pasa de mano en mano y de boca en boca, se arregla el mundo, en las canchas, los jardines o el estacionamiento

POR: Xalbador García, Visitas: 382

Publicado: 23/03/21 01:18

 

Para Ricardo Anaya

 

I

 

Para el estudiante universitario —casi siempre tan entusiasta como pobre—, las caguamas son el mejor ejemplo de la fusión de las enseñanzas de Jesucristo con las teorías de Marx. La hermandad entre el prójimo que se forma alrededor de “la vaquita” para comprar el alcohol sólo es comparable con la igualdad entre los involucrados cuando se destapan las botellas de litro o de litro y medio. Las caguamas se toman en las canchas, en los jardines o en el estacionamiento. No hay vasos, lo que subraya el nexo entre los camaradas (en época pre Apocalipsis zombi). La caguama pasa de mano en mano y de boca en boca. Todos somos iguales. No hay diferencia de género, de color, ni de licenciatura.

Entre el corro se habla de los maestros, de los proyectos futuros, se arregla el mundo. Se trata de una intimidad que se rompe cuando, años después, aparecen las bebidas individuales. En la facultad ni soñar con una botella de buen whisky o tequila o vodka. El cartón de cerveza es para ocasiones especiales. La caguama reina. Es la muestra del paraíso. Y como todo paraíso es imposible permanecer en él y con él. Lo que cambia no es la caguama sino el hombre. La ira de dios cae sobre quien ha cometido el pecado de crecer y ganar dinero. Cuando la botella llega a sus manos y la desprecia con un gesto de asco, sabe que ha llegado el momento de abandonar sus últimos rasgos de juventud.

 

II

 

En su página de internet, el Consejo de Investigación sobre Salud y Cerveza de México AC (sí existe y así se llama), menciona que la primera fábrica de cerveza más popular del México independiente fue erigida por Justino Tuallion. Con la convicción de lograr un sitio entre el mercado que, en ese momento, lideraban el pulque, el mezcal y el tequila, el empresario inició una gran producción cuyo nombre mercadológico no podía fallar. Se trataba de la “Cerveza del Hospicio de Pobres”. No puedo probarlo, pero estoy seguro que ahí inició la comercialización de las caguamas.

Las caguamas, las kawasakis, las ballenas, extrañamente y violando toda ley en contra del alcoholismo, empezaron anunciándose como la “cerveza familiar”. A pesar de la cándida propaganda, nunca vi alguna publicidad de una familia poniéndose hasta el huevo con una chela gigante al centro de la mesa. La etiqueta de La Corona aún ostenta la leyenda, aunque ahora también aparece la palabra “mega”, como un recuerdo de nuestra herencia latina. Según datos del Inegi, el consumo per cápita anual de cerveza en México pasó de 55 a 68 litros entre 2014 y 2019. Cada mexicano consume alrededor de 1.3 litros de cerveza a la semana.

En la nota de El Financiero de donde se extrajo esta información abunda: “Respecto al comercio exterior, el intercambio comercial de la cerveza es una de las actividades más rentables para el mercado mexicano. Tan solo en 2019 se exportaron 4 mil 858 millones de dólares de cerveza y se importaron 94 millones de dólares, lo que generó un superávit comercial de 4 mil 764 millones de dólares […] Esto ubica a México como un líder mundial en exportaciones de cerveza, ya que de cada dólar de cerveza que todos los países exportan, poco más de una cuarta parte lo realiza México. [Así] México es el primer lugar exportador a nivel mundial por arriba de países como Países Bajos, Bélgica y Alemania”.

Todo lo anterior viene a echar por tierra cualquier argumento contra las caguamas expuesto por un güerito mamón que quiere ser presidente de nuestro país.

 

III

 

La reconciliación con la caguama inicia años después de la universidad, con la necesidad de curarse la cruda. El tamaño de la botella es ideal para mantener la cerveza a temperaturas alrededor de cero grados. No hay nada mejor que una michelada preparada con una kawasaki bien fría. El precio también ayuda en un momento donde el dólar roza los 20 pesos y no merma la crisis por el Apocalipsis zombi.

La caguama es la añoranza de la vida estudiantil, el recuerdo de otros momentos menos prósperos pero más ingenuos, la nostalgia por la niñez perdida. La caguama es la muestra de que las buenas ideas jamás envejecen, los pocos rastros de sensibilidad en un mercado neoliberal cada día más atroz, las últimas muestras que confirman que dios —por lo menos Baco— aún nos ama.