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A pesar de que la Ciudad de México continúa en color naranja, miles de capitalinos salieron a las calles sin tomar las medidas sanitarias básicas como la sana distancia. La imagen es del sábado pasado - Foto: Haarón Álvarez/ObturadorMx

El camino de la vida: ¿Lecciones de la pandemia?

El autor se pregunta sobre las posibles lecciones que habría dejado la epidemia-pandemia del covid-19, mal que es generado por el coronavirus SARS-CoV-2, y que nos ha mantenido en confinamiento ya un año

POR: J. Enrique Álvarez Alcántara, Visitas: 291

Publicado: 23/03/21 12:10

 

No abandonamos aun la etapa de la presencia de una epidemia y pandemia activa, sumamente agresiva como lo es la del COVID-19, y desde el mismo “año de la peste”, el año 2020, ya se han venido publicando una serie de libros y documentos mediante los cuales sus autores se proponen documentar narrativas, críticas, reflexiones, análisis, supuestos, anatemas y más, bajo diferentes niveles de análisis, en diferentes lenguas y, desde luego, con fines variados y diversos.

En esta columna, El camino de la Vida (masiosare.org) hemos dado cuenta de algunos de ellos.

Hemos sido actores y testigos de un año incierto, retador, provocador y, para algunos, con consecuencias desastrosas mientras que, para otros, ha significado beneficios para ellos.

Apenas comenzamos el segundo año de convivencia con la epidemia y podemos constatar que durante estos doce meses se ha tratado de “domeñar” con herramientas y procedimientos de confinamiento y distanciamiento físico, con los magros recursos sanitarios, sean de higiene y profilaxis o de atención intrahospitalaria y, ahora, con la promesa de una vacuna que permite anticipar el tan deseado término de una fase aguda de la epidemia para transitar hacia una etapa de “manejo y tratamiento regulado” de las consecuencias manifiestas en rangos de morbilidad y mortalidad no tan altas como hasta ahora se aprecian, podemos imaginar que entre los años 2022 y 2023 estaremos en una circunstancia más promisoria.

Sin embargo, cuando nos encontremos más allá de esta fase aguda y apreciemos la presencia de una era post-COVID podremos extraer una serie de interpretaciones, que algunos llaman enseñanzas, para permitirnos estar mejor preparados ante nuevas y variadas emergencias, y afrontarlas exitosamente.

Ahora bien ¿debemos esperar hasta esa época para interpretar los hechos y extraer algunas conclusiones que favorezcan estrategias anticipadas de afrontamiento? parece que la respuesta debe ser en sentido negativa: ¡No!

Por ello, considero oportuno comentar en esta colaboración las reflexiones que el filósofo francés Edgar Morin, en colaboración con Sabah Abohuessalam, nos presenta en un breve trabajo intitulado, magistralmente: Cambiemos de vía, lecciones de la pandemia (Madrid, Paidós, 2020), para nuestro análisis.

Antes de la entrada en materia que les convoca, Edgar Morin y Sabah Abohuessalam, presentan en un preámbulo y una introducción una breve reflexión sobre los cien años precedentes a este evento.

Una vez planteado ello, nos plantean, en dos capítulos, lo que denominan “Las quince lecciones del coronavirus” y “Los desafíos del poscoronavirus”; con base en ello, en el tercer capítulo, plantean su propuesta denominada “Cambiar de vía” y, finalmente, escriben una “Conclusión”.

¿Cuáles son las quince lecciones del coronavirus? Sin aspaviento alguno nos dirán:

1. Lección sobre nuestra existencia

2. Lección sobre la condición humana

3. Lección sobre la incertidumbre de nuestras vidas

4. Lección sobre nuestra relación con la muerte

5. Lección sobre nuestra civilización

6. Lección sobre el despertar de la solidaridad

7. Lección sobre la desigualdad social en el confinamiento

8. Lección sobre la diversidad de las situaciones y de la gestión de la epidemia en el mundo

9. Lección sobre la naturaleza de una crisis

10. Lección sobre la ciencia y sobre la medicina

11. Una crisis de la inteligencia

12. Lección sobre las carencias del pensamiento y la acción política

13. Lección sobre las deslocalizaciones y la dependencia nacional

14. Lección sobre la crisis de Europa, y

15. Lección sobre El planeta en crisis

Tengamos en cuenta que el libro con las ideas y reflexiones que contiene representa el pensamiento de un filósofo francés y un sociólogo marroquí, formado en París y colaborador de Edgar Morin, bajo los presupuestos de un pensamiento sobre la complejidad y, pese a ello, no considera nuestra región latinoamericana en sus reflexiones, aunque los puntos enunciados, en lo general, sean pertinentes para esta parte del mundo.

Una vez expuestas las quince lecciones aborda, en el capítulo segundo, nueve desafíos del poscoronavirus; ¿Cuáles son estos?

1. El desafío existencial

2. El desafío de la crisis política

3. El desafío de una globalización en crisis

4. El desafío de la crisis de la democracia

5. El desafío digital

6. El desafío de la preservación ecológica

7. El desafío de la crisis económica

8. El desafío de las incertidumbres, y

9. El desafío de una gran regresión.

Bajo el supuesto de estas quince lecciones y los nueve desafíos, en el tercer capítulo, ahora sí, nos muestran la sugerencia de “Cambiar de vía”, a través de cinco premisas básicas:

1. Una política de la nación

2. Una política de la civilización

3. Una política de la humanidad

4. Una política de la tierra, y

5. Por un humanismo regenerado

Pero “Vamos por partes”.

Edgar Morin y Saba Abohuessalam comienzan la primera lección con esta reflexión del propio Morin: “«¿Cómo vives?» Esta era la pregunta que yo me hacía a mí mismo y a los demás en el documental Chronique d’un été, correalizado con Jean Rouch en 1960. Esta pregunta, más actual que nunca, se ha convertido en candente con el confinamiento (…) La experiencia del confinamiento debe concienciarnos primero de la existencia de las personas que lo han vivido en la escasez y la pobreza, de aquellos que no han podido acceder a lo superfluo y a lo frívolo, y merecen llegar al estadio en el que se dispone de lo innecesario (…) Los condicionantes del confinamiento nos han llevado a todos a cuestionarnos nuestro modo de vida, nuestras verdaderas necesidades, nuestras aspiraciones, que se hallan reprimidas en los que solo viven para trabajar, olvidadas en aquellos que gozan de una vida menos esclava, y, en general, enmascaradas por las alienaciones de lo cotidiano o encubiertas en la «diversión» en el sentido pascaliano del término, que nos aparta de los verdaderos problemas de nuestra condición humana”.

En la segunda lección expresan que: “Antes de la década de 1970 y del informe Meadows sobre la degradación de la biosfera terrestre, el hombre creía haber dominado la naturaleza. Antes de la década de 1980 y la irrupción del sida, la ciencia pensaba que había eliminado los virus y las bacterias; antes de 2008, los economistas oficiales aseguraban que ya no habría más crisis; antes de 2020, la humanidad había relegado las grandes epidemias a la Edad Media (…) Nuestra fragilidad estaba olvidada, nuestra precariedad estaba oculta. El mito occidental del hombre cuyo destino es convertirse en «amo y señor de la naturaleza» se derrumba ante un virus. Ese mito ya estaba gravemente tocado por la conciencia ecológica, que supo demostrar desde hace décadas que cuanto más dueños somos de la biosfera, más dependemos de ella; cuanto más la degradamos, más degradamos

nuestras vidas (…) Ahora bien, el enorme poder de la tecnociencia no suprime la debilidad humana ante el dolor y la muerte. Aunque podamos atenuar el dolor y retrasar la muerte por envejecimiento, jamás podremos eliminar los accidentes mortales que destrozan nuestros cuerpos; jamás podremos librarnos de las bacterias y los virus que mutan sin cesar para hacerse resistentes a remedios, antibióticos, antivirales y vacunas. Somos jugadores/jugados, poseedores/poseídos, poderosos/débiles”.

De este modo, una a una se van desgranando las lecciones, los desafíos y la sugerencia que se encierran en el título del pequeño libro: Cambiemos de vía.

Tal vez, quizás, las enseñanzas, desafíos y las sugerencias propuestas por Morin y Abohuessalam nos sirvan de pivote para tratar de responder a los 29 tópicos propuestos como punto de partida; es posible que debamos adicionar a estos puntos otros mucho más cercanos a nuestra realidad concreta y regional; empero, de ello no tengo duda, la propuestas de una vía distinta para vivir y convivir responderá a las respuestas que construyamos antes las interrogantes bien fundadas en lecciones y desafíos, respuestas que nosotros mismos debemos ir diseñando más allá de las tradiciones caudillistas y pasivas de una esperanza irresoluble sin los otros que no son nosotros. Sin nosotros seguiremos atrapados en demiurgos que dirán representarnos y representar nuestros intereses y sueños, siempre y cuando ellos, otra vez los ellos, sean quienes nos representen.

Para cerra esta colaboración considero necesario decir, con Morin y Abohuessalam: “La epidemia y sus consecuencias nos han proporcionado (… desde hace ya un año…) un festival de incertidumbres que aún durará. Son incertidumbres en cuanto al origen del virus, a su muy desigual propagación, a sus mutaciones, a los tratamientos, al mejor método para protegerse de él (confinamiento, test masivos, mascarilla y rastreo), a su eventual desaparición o su regresión al estado endémico, a sus consecuencias políticas, económicas, sociales, nacionales y planetarias. Eso nos incita a reconocer que, incluso oculta y reprimida, la incertidumbre acompaña la gran aventura de la humanidad, cualquier historia nacional, cualquier vida «normal». Pues toda vida es una aventura incierta: no sabemos de antemano cómo serán nuestra vida personal, nuestra salud, nuestra actividad profesional, nuestros amores..., ni cuándo se producirá, aunque sea cierta, nuestra muerte. Sin duda, a causa del virus y las crisis que provocará, tendremos más incertidumbres que antes y debemos prepararnos para convivir con ellas”.

Estas ideas justifican sobradamente nuestra colaboración de hoy.