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La legalidad debería relacionarse con justicia. Monumento a la justicia, en el Tribunal de Morelos - Foto: Especial

Legalidad complejosocial

Hablemos de legalidad, significa hacer lo correcto, es decir, quienes tenemos que respetarla y seguirla, somos todos; no podemos esperar que el Estado lo haga todo; claro, que el Estado ahora cambia la propia ley y la vacía de sentido

POR: Aleida Alarcón, Visitas: 363

Publicado: 22/03/21 12:14

 

Hablemos de la legalidad, esa palabra que se ha olvidado en la cotidianidad del hacer, del ser y del pensar en la ciudadanía; este concepto se identifica de inmediato en el ámbito jurídico, ya que nos muestra la simplicidad para las personas que no litigamos, como un principio fundamental mediante el cual el poder público realiza este ejercicio acorde a las leyes vigentes y su jurisdicción, es decir que no se pondrán ningún tipo de intereses ni de las personas para la práctica efectiva de ese poder.

Hagámoslo llanamente, el poder público es entonces, la facultad que tiene el Estado, donde se ve ejerciendo este mando para ser obedecido y mandar con toda su plenitud que le confiere el poder mismo, obviamente con su jurisdicción.

Hablemos de nosotros los mexicanos que trabajamos en el día a día y que sabemos que el único poder que tenemos, ante el sistema mexicano del Estado es nuestra soberanía como ciudadanas o ciudadanos mexicanos reconocidos por la constitución que nos dota de derechos y garantías para ser libres en este país que formo leyes para mantener un orden.

Nosotros los ciudadanos que sabemos que tenemos el poder cuando vamos a una urna electoral para tomar una decisión y votar por tal o cual persona para que nos represente; ahí ejercemos nuestro poder, visto desde el microcosmos, ejerciendo el poder de nuestra propia soberanía individual. Algunos sabemos que el poder del propio Estado, radica desde ahí, nosotros, la ciudadanía, algunos no sabemos porque caminamos desde una idea que me identifica con algún personaje público, así también cuando me hace sentido que exhibe y critica del propio sistema sus ineficiencias y retrocesos; ponerme en ese templete desde ese uno que ejerce su poder de expresión, porque conoce que todo poder radica desde el pulso social.

He aquí donde nos vemos convulsos, unos por ser correctos al saber y ejercer nuestro poder soberano de ciudadanía, otros por moverse con ideas y sentidos que satisfacen esos deseos del poder mismo, ¿hasta que nivel bajo mi legalidad?

La sociedad mexicana se encuentra sectorizada y encajada en odios y resentimientos por la historia misma de la cual somos todos partícipes, ya que la ciudadanía se ha movido por intereses, es cierto algunos que son de prioridad para la vida u otros llanamente banales; como el sueño de los que siguen esperando que el gobierno de cumplimiento a esas promesas de desarrollarse humanamente sin esfuerzo alguno, ya que el sistema de manutención es más cómodo para una vida en familia, que la búsqueda de oportunidades que se frustran en el camino por no tener las mismas condiciones de competencia.

O los otros, que esperan que se cambien las leyes para materializar ese proyecto empresarial o industrial, político o educativo, cual fuere; a costa de la propia vida natural del planeta, de la detención del desarrollo competitivo sobre las economías establecidas porque traen orígenes ilegales u oscuros que se quieren lavar para hacerse propios y públicos, así como legítimos.

La legalidad comienza desde el propio pensamiento, desde la escala de valores y el respeto a las normas que me rigen como ciudadana de este país, México cayó tres posiciones en el ranking global del Índice de Estado de Derecho en 2020, que realiza la organización civil World Justice Proyect, en la cual se colocó en el lugar 104 de una lista de 128 países evaluados; la calificación fue del 0 al 1, donde 1 es un país pegado absolutamente a su estado de Derecho, nosotros fuimos calificados con 0.44 y Dinamarca en 0.90. el rango se ve mínimo porque nos diferenciamos sólo por 0.46 décimas.

Pero al vernos frente a Dinamarca, que es el país con el que el presidente nos compara para la aspiración de vida, bueno, hay muchos factores que comparar y en los cuales estamos por debajo, muy debajo de sus estándares del país escandinavo; donde su índice de desarrollo humano es del 0.939 y el de México 0.779, algunas personas criticaran este dato; y bien, pensemos en lo que se observa día a día en nuestro país.

Fuera de la Pandemia, porque ahora es la culpable de todo lo que no podemos avanzar, hacer o culminar; observamos familias que están buscando otras opciones para subsistir con el mínimo de recursos que pueden adquirir en el día, es ahí donde viene la convulsión de la legalidad, hablemos de los empresarios que necesitan estrategias para mantener sus negocios funcionando y producir más empleo y ganancias, es ahí también donde se presenta la convulsiva palabra de la legalidad.

Y es que hablar de legalidad, es hacer lo correcto; y hacer lo correcto es un hábito que se transforma en una conducta cultural, esa cultura que tiene Dinamarca sobre la legalidad, donde cada ciudadano obtiene lo que su esfuerzo le permite a través de multifactores (educativos, económicos, sociales, religiosos, políticos; un sinfín) que se sabe con su propio poder de ser un ciudadano o ciudadana soberana de ser libre dentro de sus propias leyes en el Estado al que pertenece.

Pero en México, nos vemos diferentes, queremos despertar con las cosas resueltas en un abrir y cerrar de ojos; queremos ver que el Estado resuelva todo lo que el tiempo ha contaminado hasta el tuétano dentro del sistema en que vivimos. ¿Legalidad? Esa palabra que nos hace sentido pero que en el hoy mismo, en este presente no sabemos si tiene ese sentido de lo que significa, vemos a un Estado que, si ve que no le funcionan las cosas, reforma la norma y si no se resuelve como son sus deseos, cambiara la propia ley; y así hasta saciar ese deseo de ejercer el poder desde su facultad, porque al final es el Estado mismo el que hará que mande y se obtenga el resultado deseado.

Haciéndolo todo a costa de la propia legalidad, hasta perder la esencia misma de la propia Constitución. ¿Legalidad? En ese templete, el del Estado, esa palabra ya perdió el sentido.

@aleidaad

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