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Una de las manifestaciones para exigir justicia por la masacre de Acteal - Foto: Especial

El Camino de la Vida: Acteal

El surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el 1º de enero de 1994 y la Masacre de Acteal, Chiapas, un aniversario más, el 22 de diciembre de 1997

POR: J. Enrique Álvarez Alcántara, Visitas: 289

Publicado: 26/12/20 07:17

 

Un día primero de enero, del año de 1994, hizo su aparición pública el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), una organización político-militar mexicana, en el estado de Chiapas. Ello no significa que antes de esa fecha no existiese en las entrañas de la Selva Lacandona, sino que, en esa fecha precisa, hace 27 años, se mostró a los ojos del mundo entero.

Hoy, en nuestros días, en esta era dramática del “año de la peste”, próximo a cerrar su ciclo, aún hay quienes denuestan al mismo no sólo por razones ideológicas y políticas, sino por una incomprensión de nuestra historia económica y política que, sin duda alguna, permitió la existencia de las condiciones que hicieron necesario su surgimiento. Empero, aún más, hay quienes reducen o subsumen al EZLN en uno de sus más conspicuos representantes, a saber: el Subcomandante Insurgente Marcos, primero, y Subcomandante Galeano, ahora. Ambos eventos discursivos e ideológicos, más que temerarios, son equívocos y erráticos.

Veamos con un poco de detalle estos sucesos para colocar los puntos sobre las íes y, según mi punto de vista, fundado en una serie de cuestiones histórica y políticamente documentadas.

México, nuestro México, a lo largo de la segunda mitad del siglo veinte –que podemos segmentar, a su vez, en dos partes: de 1950 a 1975 y de aquí al año 2000— ha vivido dramáticamente una serie de eventos de carácter militar, policiaco, político, económico y cultural que evidencian la “inexistencia histórica” de la democracia, la justicia, paz, libertad, dignidad y seguridad como divisas de una sociedad que aspira a ellas; por el contrario, inocultablemente, se ha visto sistemáticamente el empobrecimiento indetenible de las grandes mayorías de la población junto con el enriquecimiento de unos cuantos personajes de la vida política y empresarial del país, se aprecia nítidamente una corrupción e impunidad en las estructuras gubernamentales del país, se percibe también un represión política, policiaca, militar y judicial de todos aquellos sectores sociales y líderes políticos de manera sistemática diseñada y ejercida por las estructuras de gobierno (la represión de los grandes movimientos sindicales de 1958, 1959 1962, 1965, 1968, 1971, 1977, etcétera), la instrumentación de una “Guerra sucia” contra los luchadores sociales y los jóvenes que no hallaron otra alternativa de lucha en México que no fuese la lucha armada (el “Asalto al Cuartel Madera” en Chihuahua, en el año de 1965; el surgimiento de los Movimientos Guerrilleros en Guerrero, el del Prof. Genaro Vázquez y el del Prof. Lucio Cabañas, durante la década de los 60’s; el nacimiento del PDLP y del PROCUP; la expresión de los Movimientos Guerrilleros Urbanos en Guadalajara, Monterrey, Chihuahua, Ciudad de México, etcétera, tales como la Liga Comunista 23 de Septiembre, el FUZ, el MAR, los Enfermos, los Lacandones y otros más; la inexistencia de elecciones democráticas y transparentes con la participación de una verdadera oposición; la inexistencia de partidos políticos de oposición independientes que no se sujetaran a los designios del partido en el poder, el PRI; la subordinación absoluta del gobierno de México con respecto al Imperialismo Estadounidense hacia el interior de nuestra nación; el asesinato o encarcelamiento de los líderes de oposición (Othón Salazar, Demetrio Vallejo, Valentín Campa, Rubén Jaramillo, Genaro Vázquez, Lucio Cabañas, Arturo Gámiz, José Revueltas, Heberto Castillo, y tantos más que, por demás sería innecesario enlistar); organización e instrumentación de masacres de opositores o movimientos sociales (la Masacre del día dos de octubre de 1968, la del diez de junio de 1971, la masacre de “Aguas Blancas” y “el Charco” en Guerrero, la masacre de “Acteal”, en Chiapas, la masacre de los copreros en Guerrero, la de “El Quemado” en Guerrero, entre otras más); una “dictadura” política por parte del PRI, de modo tal que desde 1929 –año de su creación como PNR por el General Plutarco Elías Calles—tenía el control absoluto y omnímodo de las estructuras de gobierno, de los sindicatos, de las gubernaturas, diputaciones, senaduría y presidencias municipales.

Es decir, la inexistencia histórica de un país y un gobierno democráticos, de una nación autónoma e independiente, de una política económica y social al servicio de las amplias mayorías de esta patria eran la divisa de curso en el México de la segunda mitad del siglo XX, pero anclada desde el segundo cuarto de la misma centuria.

Para profundizar más todavía este estado de cosas, desde el inicio del último cuarto del siglo XX, una profunda crisis económica agravada por las políticas neoliberales instrumentadas por el Imperialismo, se evidenció en la mayoría de las naciones consideradas subdesarrolladas o dependientes. Dicha crisis empobreció a diversos sectores sociales de nuestros países y abatió los sistemas de políticas públicas, seguridad social, salud, educación y diversos servicios que fueron progresivamente privatizados para que los gobiernos aseguraran el “pago de servicios” de una deuda externa impagable y creciente.

Bajo el manto de este entorno, que apenas esbozo, los más pobres entre los pobres, los pueblos originarios, vieron progresivamente de manera clara que nada les quedaba ya, que nada más podían perder, porque ya nada tenían; o tal vez sí, su dignidad y también perdieron el miedo que aún paralizaba a algunos. ¿Qué más podría perder?

Bajo este entorno y circunstancias, hubo quienes se dieron a la tarea de impulsar y construir organización desde abajo, con la participación de los “más pobres entre los pobres” para gritar, un día 01 de enero, un ¡Ya basta!

Y salieron los invisibles de siempre, con el rostro cubierto, pues nunca hubo gobierno alguno que volteara a mirarlos, ni quisieron escucharlos, por ello gritaron con sus armas ¿Cómo podrían haber sido escuchados los silenciados de siempre, aquellos a quienes se les negó existencia histórica, política y jurídica? ¿Cómo podrían haber provocado que los oídos y los ojos, y los rostros, voltearan hacia ellos?

Ese sonido, ese mensaje, proferido con las armas por quienes cubrieron su rostro, pues eran los silenciados e invisibilizados de siempre, se escuchó como un grito de esperanza por todos aquellos que tuvieron un corazón, oídos y ojos para mirarlos; porque los hubo, también los hubo, y todavía los hay, quienes viendo y escuchando lo que vieron y escucharon, no dan crédito a lo que está ante ellos. Entonces se erigen en jueces y fiscales, en Doctores de la Ley, y como Fariseos juzgan, condenan, vituperan, denuestan y profieren anatemas contra el EZLN y contra sus representantes.

Orgullosos dicen: “Si ni siquiera han resuelto los problemas de Chiapas y de los indígenas”, “Son unos vendidos que nada hacen y ahora hablan solo para atacar a nuestro líder” y seguros de sí mismos, sentados mirando al horizonte sin hacer nada que no sea su propia erección como jueces y verdugos, expiden sus edictos y se van profiriendo y salmodiando sus condenas.

Sin embargo, el movimiento de la historia sigue su curso, pues la rueda de ésta nunca gira hacia atrás.

La oposición al surgimiento del EZLN y de sus bases de apoyo y trabajo, sea por la prensa y sus opinadores pagados o sus “intelectuales orgánicos”, sea por el propio gobierno o por caciques y poderosos locales con sus grupos paramilitares, desde ese entonces, no han cesado sus ataques.

Uno de estos se perpetró un día 22 de diciembre del año de 1997, tres años después de su nacimiento, cuando 45 indígenas Tzotziles, pertenecientes a la organización “Las Abejas”, en Chenalhó, Chiapas, fueron asesinados salvajemente, mientras oraban, por un grupo de paramilitares.

Entre los asesinados se encontraban 16 niñas, niños y adolescentes; además se encontraban 20 mujeres, embarazadas siete de ellas.

Hoy mismo, día en que escribo esta colaboración, no quiero, envuelto por la pandemia noticiosa del COVID ni por el velo de una navidad que sí podemos gozar, olvidar estos sucesos y no deseo dejarlos en el silencio.