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Bloqueo de campesinos y normalistas a la Autopista Siglo XXI en protesta por el desalojo al campamento zapatista de Apatlaco en contra del Proyecto Integral Morelos - Foto: Especial

Tiempos Modernos: AMLO, el dinosaurio sigue vivo

El Proyecto Integral Morelos entra en el plan energético de López Obrador; sin importar que vengan las elecciones, el presidente le apuesta al apoyo de su fanaticada acrítica, que apoya todas sus decisiones aunque representen una traición

POR: Jaime Luis Brito, Visitas: 514

Publicado: 27/11/20 08:02

 

Cuando despertamos, el dinosaurio todavía estaba ahí, parafraseando a Monterroso, la realidad nos golpea secamente. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador actúa como un gobierno más, no hay diálogo, hay un monólogo y su autor reclama aplausos incondicionales. “Su proyecto” es “del pueblo”, esa entelequia que no existe y que ocurre por autoadscripción, está conformado por esa masa amorfa que conforma su grey, que por autonomasia es fanática y acrítica.

Voté por López Obrador pensando que el país necesitaba un régimen distinto desde hace décadas. Sigo sosteniendo que si en 1994 hubiera ganado Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano la presidencia, este país sería distinto. El michoacano hubiera sido un presidente de reformas, que hubiera cuidado no estar todo el tiempo en el reflector y que por supuesto, no hubiera incluido a tantos priístas y panistas a su administración. Pero son otros tiempos y el hubiera existe como punto de referencia especulativo de lo que me hubiera gustado que pasara.

Pensé que habría un cambio, discreto, superficial, pero un cambio. Pero no. Hasta ahora no hay cambio y por lo que se ve, no lo habrá. Porque al final, en López Obrador se agudizaron todos los viejos vicios del régimen que dice combatir. Todas las mañanas miente en sus conferencias, lo hace artera y cínicamente, con la firme convicción de que no habrá nadie que pueda demostrarlo. Y aunque se demuestre, la gente que le prende veladora, todavía hoy, cree a pie juntillas lo que dice.

Todas las mañana descalifica, victimiza, ataca, desde su altar, a sus críticos. No a los que se enriquecen a costa de la corrupción, no a quienes explotan a la gente, no a quienes se aprovechan de las lagunas legales para beneficiarse, no a los explotadores del ambiente y del tejido social. No. Desde ahí ataca a aquellos que osan criticar su visión del mundo y sus acciones.

Porque la crítica, como todo régimen que aspira a ser totalitario, es algo inaceptable. Su oficina de comunicación social tiene un ejército de robots y trabajadores que se usó desde la campaña y que hoy sigue atacando virulentamente a sus críticos. A ellos se suman sus feligreses. No hay capacidad autocrítica. Hay una megalomanía muy similar a la de Trump, pero mientras el norteamericano lo hace explícitamente; el tabasqueño lo hace desde una posición de fingida humildad.

En ese marco, la imposición del Proyecto Integral Morelos (PIM), que responde a su plan energético. La apuesta es un “desarrollo” que descanse en los pilares que eran paradigmáticos en los años 70: las energías fósiles (petróleo, gas, etc), megaproyectos de infraestructura (para garantizar la trascendencia física del régimen), la razón de Estado, el dedo del señor.

¿Qué le importan al presidente unos campesinos a quienes además ya tildó de ser “conservadores”? ¿Qué le importan las manifestaciones de miles de familias que verán como su economía se cae por el precipicio? Nada. Porque al final, Morelos pesa en términos simbólicos a nivel nacional, pero decretado el rompimiento con los zapatistas, ya no importa nada. Total, con un padrón que apenas supera el millón de electores, Morelos se puede desdeñar electoralmente y entregarlo como hueso para roer a “los aliados”.

Así que aún a unos meses de las elecciones, el tabasqueño y su atajo, encabezado por el poblano Manuel Barttlet, director de la CFE y creador de la “caída del sistema”, priísta de mano dura, deciden llevar adelante la imposición del proyecto a pesar de que ello conlleve la violación a la ley. Menos aún importa la traición a los acuerdos, la vida de las personas, la afectación al medio ambiente.

Sólo queda continuar la lucha jurídica, ahora a nivel internacional. Así como la resistencia civil, el camino de la movilización. Es momento para fortalecer el movimiento, porque como lo dice claramente uno de los participantes más activos, las traiciones no son sólo arriba, también hay traiciones abajo. Lo dicho, cuando despertamos, el dinosaurio todavía estaba ahí y sigue más vivo que nunca.

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