Masiosare agencia de noticias

Masiosare
Morena, la elección del líder ha sido una advertencia de lo que puede ocurrir a la hora de elegir candidatos de cara a los comicios del 2021 - Foto: Especial

La elección en Morena: Morajelas desde la ciencia política

Morena por fin tiene un presidente, y no importa tanto quién es, sino que ya está ahí; si así les fue con la elección interna, cómo les irá a la hora de seleccionar candidatos; podría ser el camino al infierno

POR: César Morales Oyarvide, Visitas: 624

Publicado: 12/11/20 09:57

 

Luego de un proceso largo y tortuoso, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) tiene ya un nuevo presidente: Mario Delgado Carrillo. Sin importar si él era su candidato preferido o no, lo cierto es que muchos simpatizantes de la 4T hoy respiran aliviados, no tanto por el resultado de la elección sino por el hecho de que al fin haya terminado.

A las puertas de la cita electoral más grande de la historia y la primera sin López Obrador en la boleta, los problemas en la renovación de la dirigencia de Morena son un aviso de los riesgos que el partido enfrentará en el futuro. Después de todo, si esto ocurrió al elegir a su presidente, ¿qué va a pasar a la hora de seleccionar candidato? La ciencia política ofrece algunas pistas al respecto.

Desde esta disciplina, las elecciones como la que acaba de vivir Morena se han interpretado de dos maneras muy distintas. Por un lado, las elecciones internas reñidas pueden entenderse como un buen augurio: el aumento en el número de las personas que aspiran a ser candidatos (o dirigentes) sería señal de que se prevé un buen desempeño electoral del partido en el futuro. Dado que la expectativa de ganancias es grande, el interés y la competencia por el premio también se incrementan.

Desde otro punto de vista, este tipo de procesos son un síntoma de lo contrario: de los problemas que un partido lleva arrastrando sin ser capaz de resolverlos. Así, las elecciones internas largas y conflictivas pondrían de manifiesto (y en cierto sentido, magnificarían) los dilemas preexistentes dentro del partido. Serían, por ende, el preámbulo de un mal resultado en las urnas.

En el caso de Morena, estamos ante una combinación de ambas perspectivas. Es innegable que hay personas y grupos que, habiendo tenido apenas una relación circunstancial con el partido durante los últimos años, de pronto están muy interesadas en él. La razón es evidente: saben que en 2021 habrá mucho que repartir y quieren llevar la voz cantante en ese reparto. Sin embargo, el via crucis que vivió Morena para renovar a su dirigencia es también indicio de otra cosa: de una serie de tensiones no resueltas en su vida orgánica, en su relación con el presidente y en el vínculo que mantiene con el movimiento obradorista que está en la calle, lejos de las oficinas.

Con todo, si de juzgar los efectos de este tipo de elecciones se trata, son más los argumentos que inclinan la balanza hacia el plano de lo negativo. Para muestra, un interesante estudio realizado por los profesores Alexander Fouirnaies de la Universidad de Chicago y Andrew B. Hall de la Universidad de Stanford (“How divisive primaries hurt parties: evidence from near-runoffs”, publicado en The Journal of Politics). Al analizar el caso de Estados Unidos, estos dos investigadores encuentran que las elecciones internas reñidas y que generan divisiones dentro de los partidos que las llevan a cabo estaban asociadas con una pérdida de votos de entre 6 y 9% en las elecciones siguientes y con una reducción de las posibilidades de ganar de 21% para el partido en cuestión.

¿Hasta qué punto esta experiencia puede decirnos algo sobre México? Pensemos en las causas que están detrás de estos efectos. En primer lugar, este tipo de elecciones internas son a menudo un escaparate para exponer las fallas y errores de los contendientes, en una especie de “campaña negra” que le hace el trabajo sucio a sus futuros adversarios.  En segundo lugar, cuando estos procesos generan divisiones, su resultado puede alejar del partido a quienes apoyaron a los derrotados, al grado de decidir quedarse en casa el día de las elecciones. A poco de que se piense, ambos fenómenos ocurrieron en mayor o menor medida en la elección entre Muñoz Ledo y Delgado.

Las elecciones primarias suelen aplaudirse por sus beneficios: el mayor de todos, dotar de más legitimidad a los partidos que eligen a sus candidatos en un proceso abierto y competitivo y no a puerta cerrada y entre unos cuantos. Sin embargo, lo que muestra el trabajo de Fouirnaies y Hall es que, a la hora de evaluar su pertinencia, los partidos deben también considerar un costo: los efectos negativos que las elecciones primarias reñidas pueden tener en las urnas, especialmente cuando generan un conflicto largo y visible entre precandidatos.

No es una decisión sencilla. Por un lado, los procesos de selección abiertos y libres son la mejor garantía de que se elija a los mejores candidatos. Por el otro, los métodos de selección expeditos (y, por lo tanto, cerrados) son la manera más segura de evitar el tipo de conflictos que comprometen los resultados futuros, especialmente cuando se trata de elecciones que alto perfil y con gran cobertura mediática.

Una de las grandes incógnitas alrededor de Morena es cuál será la manera en que elegirá a sus candidatos, tanto en 2021 como en 2024. ¿Será la voluntad del presidente López Obrador? ¿Una votación de militantes? ¿Una encuesta abierta a toda la población? Mientras el método se discute, la moraleja del cuento debe quedar muy clara: una elección interna larga, pública y marcada por la discordia sólo conviene a tus adversarios.  Como diría Maquiavelo, la reciente renovación de la presidencia de Morena es una advertencia que muestra el camino al infierno para poder evitarlo.

 

* César Morales Oyarvide es politólogo y maestro en estudios latinoamericanos por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente estudia políticas públicas en la Universidad de Chicago.