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Las redes sociales - Foto: Especial

Más allá de la twitósfera: Redes sociales ¿inmorales?

No son herramientas, no nos invitan a la adicción pero la generan, no se ven iguales en todos los teléfonos, sino que son personalizadas; por ello quienes trabajaron antes en su diseño, piden regulaciones

POR: Estefanía Capdeville, Visitas: 445

Publicado: 22/09/20 04:34

 

La semana pasada llegó a Netflix la película “The Social Dilemma” traducida como “el dilema de las redes sociales”. Me llamó la atención porque justo la semana pasada escribí sobre la whistleblower de Facebook, y esta película recopila los testimonios de varios exempleados de Silicon Valley que participaron en el diseño del “me gusta” de Facebook, de Gmail, Pinterest e Instagram.

Mi primera impresión fue que todo era demasiado apocalíptico y escandaloso pero conforme avanzó la película me empezaron a convencer… el momento en el que comencé a tomarlo en serio fue cuando Tristan Harris, quien trabajó para Google y salió para fundar Center for Humane Technology, mencionó que, algo que le molestaba de Silicon Valley, es que todos los diseñadores son como él: hombres blancos, privilegiados, de las mejores universidades de Estados Unidos, en sus treintas.... y toman decisiones que afectan a millones de personas en todo el mundo.

Es decir, si pensamos en otros grupos de poder que influyen y toman decisiones que afectan nuestras vidas, como los gobiernos o los grupos empresariales, les exigimos o por lo menos nos molestamos poquito, si no muestran algo de diversidad. Sin embargo, a las empresas que dominan nuestro correo electrónico y nuestras tarjetas de crédito, parecemos no hacerle ni este ni ningún otro cuestionamiento.

¿Y por qué no les exigimos lo mismo que a otros grupos de poder? Porque seguimos pensando que Google y Facebook son herramientas. Y que es el usuario el que decide qué hacer con esa herramienta. Pero esto es precisamente lo que esta película argumenta: las redes sociales no son herramientas.

1. Una herramienta no está diseñada para hacerte volver continuamente a ella y llevarte incluso a la adicción. La calculadora del celular no te envía notificaciones, no te recuerda cumpleaños, ni te taggea en fotos.

2. Una herramienta no puede ser utilizada por dos personas al mismo tiempo para dos cosas distintas. Este es uno de los argumentos en los que más profundiza la película: los clientes de Facebook no son sus usuarios, sus verdaderos clientes son los anunciantes. Y el producto que venden somos nosotros, sus usuarios. Es decir que mientras los usuarios vemos videos de gatitos, hay una tercera persona pagando por insertar anuncios en el feed y así es como Facebook ha hecho tanto dinero: vendiendo nuestra atención. 

3. Una herramienta se ve igual para todos. Volvamos a la calculadora del teléfono. Mi calculadora se ve igual a la de cualquiera que tenga el mismo teléfono que yo. Pero con las redes sociales no es así, aunque tengamos los mismos gustos y los mismos amigos, todos los feeds son diferentes porque están diseñados especialmente para quien lo está viendo en ese momento.

La conclusión de la película es que todo esto tiene una solución y está en la regulación. Todos los personajes hacen un llamado a que se regule de manera específica a estas grandes empresas de tecnología y que se haga un re-diseño del modelo de negocio de Silicon Valley.

Y otro de los llamados que hace la película es a proteger a las y los niños de las redes sociales. Hay toda una discusión sobre cómo las redes sociales a temprana edad lastiman el autoestima y la forma de relacionarse de los adolescentes. Aunque esto podría ser debatible, la solución me parece correcta: establecer una edad mínima para ser usuario.

Después de ver esta película me disponía a eliminar mis cuentas en varias redes sociales...pero me detuve un momento a pensar: el algoritmo de Netflix me sugirió ver esta película porque era 98% para mí. Basado en otras series y películas que he visto, el algoritmo supo que me iba a gustar esta película e incluso tal vez predijo que iba a escribir sobre ella… Tal vez ya sea demasiado tarde para detener esto.

Para más ideas inconexas, en @yeyicapdeville