Masiosare agencia de noticias

Masiosare
La imagen, en Jojutla, luego del sismo del 19 de septiembre de 2017 - Foto: Margarito Pérez Retana

El camino de la vida: Septiembre

Recuerda las fechas indelebles en su vida que ocurrieron en septiembre; en 1970, en 1973, el golpe de Estado en Chile; en 1985, los sismos terribles para la Ciudad de México; en 2017, los otros sismos, terribles para el centro de México

POR: J. Enrique Álvarez Alcántara, Visitas: 150

Publicado: 05/09/20 07:22

 

A Noemí y Juan Enrique, por estos años.

 

Presentación. Este mes de septiembre (“Año de la Epidemia y Pandemia del covid-19”) se conmemora un año más del conjunto de sucesos que ocupan un lugar prominente en mi existencia como ser humano (en sentido ideológico, político y afectivo-emocional); no por el hecho de ser considerado oficialmente en nuestro país como el “Mes de la Patria”, ni porque nuestro querido Jaime Luis Brito, u otros seres queridos, cumpla un año más de vida durante este breve periodo temporal (razón por la cual no quiero dejar de felicitarlo anticipadamente), sino porque una serie de sucesos relevantes marcaron el rumbo que llevo recorrido desde hace prácticamente media centuria.

Sé muy bien que para nuestros lectores puede parecer irrelevante una remembranza muy personal que, según considero, no por ello deja de adquirir interés colectivo, puesto que la vida y sus senderos muestran, infinidad de veces, destellos de sucesos que nos marcan, tanto personal como colectivamente.

Quiero por ello, con este texto, mostrar cuan verosímil es lo que he afirmado.

Septiembre 1970. No lo recuerdo con la nitidez ni con una claridad a toda prueba que algunos piensan que debiera ser. Empero, en ese entonces, quizás entre los meses de julio y septiembre, no disponía de los recursos cognitivos, sobremanera de memoria, que progresivamente y sin ser ello deliberado, fueron distinguiéndome a los ojos de los otros.

Entre los años de 1960 y 1970, viví internado en un “Centro de Recuperación Infantil” (ese era su nombre), ubicado en la Calle del Carmen, N.º 18, en la Colonia San Ángel, al Sur de lo que hoy es la Ciudad de México y en ese entonces era el Distrito Federal; a un costado se halla el famoso parque que tiene un enorme monumento dedicado al Gral. Álvaro Obregón y, en un antiguo local, un Sanborns frente a éste, el cual tiene todavía a un costado la Iglesia del Carmen, de sacerdotes carmelitas y muy cerca del Mercado de San Ángel, Ciudad Universitaria, El mercado de Las Flores y otros lugares emblemáticos, como la propia Librería Gandhi, hoy cerrada ya (la originaria). El espacio que ocupaba el “Centro de Recuperación Infantil” hoy es ocupado por el Hospital Germán Díaz Lombardo.

No recuerdo absolutamente los primeros cinco años de esa década; sin embargo, los otros cinco sí. Por ejemplo, recuerdo los asesinatos de Martin Luther King y Robert F Kennedy; aún perviven en mi memoria las Olimpiadas de 1968, el alunizaje del Apolo 11, el triunfo de Vicente Saldívar frente a Ultiminio Ramos y su derrota ante Kuniaki Shibata, las marchas de los estudiantes que salían de CU o que llegaban a ella, incluso, el campeonato mundial de futbol de 1970, qué sé yo.

Al comenzar la década imperecedera de los grandes movimientos sociales mi conciencia y, sobre todo, autoconsciencia ideológica y política, así como mi memoria autobiográfica, eran sumamente limitadas, quizás por razones de naturaleza psicológica que no tengo claras. Sin embargo, la segunda mitad del mismo decenio está llena de recuerdos fragmentados que aún no logro organizar y que en ese entonces no me permitieron imaginar un futuro ni imprimir un sentido de vida más o menos claro.

Sin embargo, al “ser dado de alta” de ese lugar, cuando yo tenía trece años, comencé a crear un mundo ideológico-político y cultural y pude, ahora sí, iniciar la configuración de un mundo ideológico, político y cultural que me proveyó de un sentido que hasta entonces desconocía.

Más relevante todavía en mi vida, ya estando fuera del “internado” y viviendo en una colonia popular en la hoy Ciudad de México, fui impactado, lo mismo que muchos jóvenes inquietos en esa época, de manera crucial, por el triunfo electoral, impecable e inobjetable, del Dr. Salvador Allende y la Unidad Popular, en la hermana República de Chile; ello nos mostró la promesa de alcanzar el socialismo por una vía distinta a la de las armas.

Después de la Revolución Cubana era el segundo gobierno de izquierda clara en nuestra América Latina.

Veíamos el camino trazado y vivíamos la esperanza verdadera.

Septiembre de 1972. cuando ingresé a la Escuela Secundaria N.º 111, hoy Alexander von Humboldt; en ésta tuve el privilegio de tener como maestros a Arturo Vázquez Rangel, Amado Graciano Miranda Carmona, Victoriano Muñoz y Gilberto Sánchez Azuara, quienes me acercaron a las lecturas de Alexander Ivanovich Oparin, Karl Marx, Pablo Neruda, Ermilo Abreu Gómez, Mariano Azuela, Efraín Huerta, la Revista ¿Por qué?; a la música del Dueto Castillo, Óscar Chávez, Víctor Jara, Los Nakos, Quilapayún, Inti Illimani, qué sé yo… A partir de aquí la militancia en las juventudes comunistas, dentro del PCM, la poesía militante, el conocimiento del Muralismo Mexicano (Rivera, Siqueiros, Tamayo) y otros saberes… y, sobremanera, la lectura del Pequeño Libro Rojo de la Escuela, incitó mi espíritu rebelde… Leer a Rius y más, mucho más… Visitar con regularidad las peñas El cóndor pasa, Gallos, El sapo cancionero, El mesón de la guitarra, Vedanta, Quinto sol y más.

Septiembre de 1973. Es quizás el mes más dramático, política e ideológicamente hablando. El día 11 se perpetraba un “Golpe de Estado” contra el gobierno democrático y legítimo del Dr. Salvador Allende y la Unidad Popular Chilena, dio vida a la Dictadura Militar comandada por el traidor General Augusto Pinochet y financiada y promovida por el gobierno de los Estados Unidos. El Dr. Allende fue asesinado ese mismo día, miles de chilenos fueron asesinados, torturados, perseguidos o exiliados. El Músico Víctor Jara fue torturado y asesinado en el Estadio Nacional de Chile, que hoy lleva su nombre, el día 16. El Poeta Pablo Neruda “murió”, dicen algunos de dolor y de tristeza (otros afirman que fue asesinado también por la Dictadura), el día 23.

Pocos meses antes, el ocho de abril de ese mismo año había muerto el otro enorme Pablo, Pablo Picasso; los dos grandes Pablos, para septiembre de 1973, habían muerto. Pablo y Pablo.

Un mes después, el día 22 de octubre, el otro Pablo, Pau Cassals, moría y quedábamos, algunos, marcados por la muerte del Dr. Salvador Allende, Víctor Jara, miles de chilenos, Pablo Neruda y la Unidad Popular; la promesa se nos desmoronaba entre las manos.

1973 marcaba y sellaba nuestro destino… Pablo, Pablo, Pablo…

Septiembre de 1976. cuando ingresé al CCH Sur, de la UNAM, y desde ya, entraba encarrerado ideológica, política y entregado a la militancia política… desde ese momento, con un proyecto educativo, de nivel bachillerato de amplio espectro y alcance, daba continuidad, en amplitud y profundidad, al estudio de la economía/política, de la filosofía, la sociología, el marxismo, la lingüística y la etología.

La participación y militancia política de izquierda fueron inevitables, el conocimiento, a través del Dr. Raúl Fidel Rocha y Alvarado, de los grandes Movimientos de Liberación Nacional más relevantes de la época, entre ellos el palestino y el conocimiento de la poesía palestina, los poetas palestinos, su historia y fundamentos, a través del Dr. Ahmad Sobeh (en ese entonces embajador de la Representación de la Organización para la Liberación de Palestina en México). Mahmud Darwish, sin duda, fue el que más me impresionó.

Como era sabedor de que mi elección de carrera sería la Psicología, con algunos compañeros que militaban en el Consejo General de Representantes y que me antecedieron en el ingreso a la Facultad correspondiente, en el año de 1977 me integraba como “solidario” en el “Autogobierno” de la Facultad de Psicología de la UNAM y con el nacimiento del STUNAM ese año ya no puede sustraerme de dicha trayectoria.

Septiembre de 1985. Ingreso a impartir clase en el Instituto Nacional de la Comunicación Humana (INCH) y allí conozco a quien posteriormente será mi esposa y madre de mis dos hijos.

El día 19, a las 7:19, un Terremoto de magnitud enorme, quizás el más fuerte desde el que ocurriera en el año de 1957, sacudió a nuestro país y muy significativamente a la hoy Ciudad de México.

Miles de muertos, miles de hogares derruidos, tragedia nacional y, ante todo, la solidaridad de un pueblo que antes que el gobierno del priista Miguel de la Madrid Hurtado, pudo afrontar las consecuencias de un desastre que pudo ser mayúsculo de no ser por la organización, convocatoria, solidaridad y entrega de nuestro pueblo que nunca esperó a un gobierno irresponsable, incompetente y omiso.

Septiembre 19 de 1985 quedó grabado indeleblemente en la historia y consciencia nacional.

Septiembre de 1986. Unos pocos días antes de conmemorar un año del terremoto y sus consecuencias, quien hubiera sido mi pareja sentimental desde octubre de 1985, y yo, determinamos contraer matrimonio por las normas civiles un día 12 de octubre y, desde ese entonces, hace ya prácticamente 34 años, hasta ahora, con sus complejidades, hemos mantenido un proyecto que aún pervive y que muestra signos de vitalidad.

Septiembre de 1993. El día 18 de enero de 1993, después de un proceso de lucha constante contra los malos augurios, nación nuestra hija Viridiana.

Contra todas las adversidades, los tres (ella, mi esposa y yo), luchamos a pesar de los pesares y pronósticos, para que viera la luz de este mundo y el éxito fue innegable.

Desde su nacimiento tuvo contra sí la adversidad neurobiológica y genética. Sin embargo, nos tuvo a nosotros como escuderos y seguros impulsores de una lucha contra viento y marea.

No todas las batallas se ganan; sin embargo, todas se luchan hasta el final. Gánese o piérdase, se lucha contra todo y con todo.

Eso hicimos desde meses antes de 1993.

Un día 10 de septiembre de ese otro año trágico, la vimos partir con destino incierto después de una lucha sin tregua, sin cuartel, y aún la conservamos, los otros tres (ella, nuestro hijo y yo), como muestra viva del amor por la vida.

Quizás septiembre de 1970, 1973 y 1993, sean los más significativos en mi vida, pero los otros no dejan de ocupar su lugar en esta historia llena de recuerdos, sueños y esperanzas.

Septiembre del 2017. Otra vez, 32 años después del terremoto de 1958, otro terremoto golpeó nuestro país, a la Ciudad de México y, para nuestro espíritu imprevisor, al estado de Morelos, vimos caer iglesias, escuelas, hogares y lugares históricos de la entidad. Vimos muerte, angustia, dolor y mucho más. Pero también, como en el año de 1958, vimos a nuestro pueblo, como hasta ahora ha sido, por encima de los que dicen gobernar nuestro país y estado, pero los deshacen entre sus manos.

En fin… Septiembre…