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El obispo brasileño Pedro Casaldáliga y el poeta palestino Mahmuoud Darwish, en imágenes de archivo - Foto: Especial

El camino de la vida: Casaldáliga y Darwish

El autor recuerda, en torno al 8 y 9 de agosto, al obispo brasileño don Pedro (Dom Peré) Casaldáliga y al poeta palestino Mahmoud Darwish

POR: J. Enrique Álvarez Alcántara, Visitas: 148

Publicado: 15/08/20 03:13

 

INTROITO. Este sábado 08 de agosto del “Año de la Epidemia y Pandemia del COVID-19” (que pudo haber sido una réplica del “Año de la Peste”), no sin un dolor inocultable que la nota provocó en mí, leí estas palabras escritas de manera llana y sencilla:

“Lamentamos profundamente tener que informarles que Pedro Casaldáliga ha fallecido hoy a la edad de 92 años. (…) Nacido en Balsareny (Cataluña) el 16 de febrero de 1928, asumió con radical coherencia y compromiso la Opción por los Pobres y ha sido una de las figuras más destacadas de la Teología de la Liberación. (…) Obispo de la Prelatura de São Félix do Araguaia desde 1971, Casaldáliga siempre ha trabajado a favor de “peones”, campesinos, sin tierra y Pueblos Indígenas, oponiéndose abiertamente a los terratenientes, la agroindustria y a todos los poderes económicos que niegan los derechos de los individuos y pueblos. La historia de la lucha por la tierra en Brasil no se explica sin Casaldáliga (…) Poeta, escritor y comunicador por vocación, defendió su posición teológica basada en la liberación y la esperanza; su visión de un mundo que necesariamente debe elegir la justicia y la paz; y su compromiso con una Humanidad más “humana” (…) Vitalmente comprometido con los que más sufren, Dom Pedro siempre ha sido un “pueblo entre el pueblo”. (…) Fundador de pastorales y organizaciones sociales dedicadas a la lucha por la tierra, a la defensa de los Pueblos Indígenas y contra el capitalismo neoliberal y las desigualdades sociales, Pedro siempre ha defendido la necesidad de tener un compromiso personal y comunitario con los más pobres. Fruto de esta visión, tenacidad y luz profética, inspiró movimientos sociales que hoy enriquecen el tejido social de América Latina y luchan por un mundo mejor. (…) A menudo censurado, silenciado, perseguido por los poderosos y habiendo sufrido varios intentos de asesinato, siempre se ha mantenido fiel a la Utopía: siempre esforzándose por construir el Reino de Dios en la tierra. Siempre con inquebrantable esperança. (…) Presionado y cuestionado por el Vaticano, mantuvo siempre una posición firme a favor de la transformación radical de la Iglesia y su estructura clerical, defendiendo una Iglesia pobre, corresponsable y participativa”. La misma fue hecha pública por Les causes de Casaldáliga, Associació de Araguaia i ANSA.

Por otro lado, un día 09 de agosto, pero doce años atrás, en el año 2008, fallecía el Poeta Palestino: Mahmoud Darwish.

El Noticiero ABC.es, el día 13 de agosto de ese año, expresaba la nota de esta manera:

Hoy “El escritor Mahmoud Darwish, considerado como 'el poeta nacional palestino', ha falleció en Texas tras ser sometido a una cirugía al corazón. Nacido en Birwa (Palestina), en la Galilea, en 1941, Mahmud Darwish era uno de los mayores poetas árabes. Había vivido la experiencia del exilio en Egipto, Líbano y Francia, lo que señaló profundamente su poesía. Residía entre Amman y Ramala, donde dirigía "Al Karmel” (El canto). "Desde Palestina", "Memoria para el olvido", "El fénix mortal", "Estado de sitio", "El lecho de una extraña" "Mural", son algunos de sus obras traducidas al español. Darwish llenaba estadios de más de 25.000 personas. Tenía al mundo árabe rendido a sus pies. Intérprete del exilio y de las esperanzas frustradas del pueblo palestino, su obra era una lucha constante entre la realidad y sus deseos, y así ha sido considerado, a nivel internacional, dentro del 'realismo metafísico'” (https://www.abc.es/videos-internacional/20080813/muere-poeta-nacional-palestino-390683360001.html)

Este miércoles 12 de agosto del 2020 (año de la epidemia y pandemia de la covid-19), recuerdo nítida y claramente cuando por allá, en el año de 1976, a través de un sacerdote dominico tuve acceso a las primeras ideas sobre la Teología de la Liberación, supe a partir de ese momento y progresivamente de Dom Hèlder Cámara, Don Sergio Méndez Arceo, Don Samuel Ruiz García, Arturo Lona Reyes, Fernando y Ernesto Cardenal, Óscar Arnulfo Romero, la Cumbre de Medellín y otras cuestiones relativas a este movimiento cristiano.

Desde luego que también supe, por vez primera, de Dom Père Casaldáliga.

Asimismo, puedo aún ver en mi memoria al Representante de la Organización para la Liberación de Palestina en México, hacia finales de la misma década, el Dr. Ahmed Sobeh, quien me acercó, entre otras cuestiones trascendentes sobre “La Cuestión Palestina” a la obra de Mahmoud Darwish.

Por ello, dentro de mi formación poética (pues ambos, Mahmoud Darwish y Père Casaldáliga, fueron siempre poetas) e ideológica política (ambos también fueron políticos y revolucionarios, a su modo) los llevo tatuados o grabados, de manera indeleble, en historia, consciencia y sueños.

Por ello quiero dedicar esta colaboración a destacar su importancia histórica para que los tengamos presentes en esta hora.

 

¿Quién es Mahmoud Darwhis?

 

"El exilio es parte de mí. Cuando vivo en el exilio llevo mi tierra conmigo. Cuando vivo en mi tierra, siento el exilio conmigo. La ocupación es el exilio. La ausencia de justicia es el exilio. Permanecer horas en un control militar es el exilio. Saber que el futuro no será mejor que el presente es el exilio. El porvenir es siempre peor para nosotros. Eso es el exilio."

Mahmoud Darwish es el Poeta palestino más importante y reconocido en el mundo entero. Es, en esencia, la voz de la resistencia del pueblo palestino, es quien mantuvo la palabra firme (además de haber portado algunas veces el fusil), como arma de denuncia, de lucha, de canto y de convocatoria a reconocer la existencia de un pueblo, un territorio y una lengua que el sionismo ha querido, con el apoyo de los imperialismos más poderosos de la tierra (Francia, Inglaterra y los Estados Unidos de América), borrar de la faz de la tierra y de la memoria de la humanidad.

Nació un día 13 de marzo de 1941, en Al-Birwa, bajo el mandato británico de Palestina, un lugar borrado del mapa por las milicias sionistas siete años después, cuando usurparon y robaron sus tierras para fundar el Estado Sionista de Israel, bajo el auspicio de la ONU y su “Plan de Partición de Palestina” para “otorgar” un territorio al “pueblo judío” y, según se dijo, asegurar la existencia de un Estado Palestino.

Desde ese momento, siendo un niño aún, Mahmoud Darwish ha llevado una existencia errante, exiliada, transterrada, apátrida: Moscú, El Cairo, Beirut, París, Gaza y Ramala.

El exilio, la resistencia, la lucha, la lengua y la escritura han sido la estructura de su vida o, aún más, de su persona.

El Poeta, mejor que nadie lo escribirá así:

 

Carnet de identidad

Escribe / que soy árabe, / y el número de mi carnet es el cincuenta mil; / que tengo ya ocho hijos, / y llegará el noveno al final del verano. / ¿Te enfadarás por ello? / Escribe / que soy árabe, / y con mis camaradas de infortunio / trabajo en la cantera. / Para mis ocho hijos / arranco, de las rocas, / el mendrugo de pan, / el vestido y los libros. / No mendigo limosnas a tu puerta, / ni me rebajo / ante tus escalones. / ¿Te enfadarás por ello? / Escribe / que soy árabe. / Soy nombre sin apodo. / Espero, paciente, en un país / en el que todo lo que hay / existo airadamente. / Mis raíces, / se hundieron antes del nacimiento / de los tiempos, / antes de la apertura de las eras, / del ciprés y el olivo, / antes de la primicia de la yerba. / Mi padre... / De la familia del arado, / no de nobles señores. / Mi abuelo era un labriego / sin títulos ni nombres. / Mi casa es una choza campesina / de cañas y maderos, / ¿te complace?... / Soy nombre sin apodo. / Escribe / que soy árabe / que tengo el pelo negro / y los ojos castaños; / que, para más detalles, / me cubro la cabeza con un velo; / que son mis palmas duras como la roca / y pinchan al tocarlas. / Y me gusta el aceite y el tomillo. /Que vivo / en una aldea perdida, abandonada, / sin nombres en las calles. / Y cuyos hombres todos / están en la cantera o en el campo... / ¿Te enfadarás por ello? / Escribe / que soy árabe; / que robaste las viñas de mi abuelo / y una tierra que araba, / yo, con todos mis hijos. / Que solo nos dejaste / estas rocas... / ¿No va a quitármelas tu gobierno también, / como se dice...? / Escribe, pues... / Escribe / en el comienzo de la primera página / que no aborrezco a nadie, / ni a nadie robo nada. / Mas que, si tengo hambre, / devoraré la carne de quien a mí me robe. / ¡Cuidado, pues!... / ¡Cuidado con mi hambre / y con mi ira!”.

 

Este hombre es Mahmoud.

Era también un poeta hecho de recuerdos y una lengua para resistir y cantar:

 

El Limonero

“Teníamos tras la verja /un limonero.  Sus granos amarillos / brillaban como lámparas. Sus flores eran un fragante abanico en nuestro barrio. / Teníamos tras la verja / un limonero. Nuestro. / Más, para hacer adorno, / de sus galas; y diadema y aroma / de sus ramas, nos lo cortaron. / Nos dejaron / sin nuestro limonero. Nuestros ojos / no volvieron a ver la primavera”.

 

Pues bien, hace doce años, un día nueve de agosto del año 2018 murió, partió de este mundo dejando una estela de luz, palabra y canto, hechos poesía y resistencia.

¿Por qué escribió Mahmoud? En una entrevista le preguntaron y Darwish respondió:

“¿Por qué cantas? Esta es la brutal pregunta que el inquisidor dirige al cantor en uno de mis poemas. La respuesta es también brutal: porque canto. Evidentemente, la pregunta que se me hace no tiene nada en común con la que el inquisidor dirige al prisionero cantor. No puedo, pues, responder de la misma manera: porque escribo. Creo que nuestro objetivo es procurar un diálogo para suprimir en parte el velo de ambigüedad que envuelve a la escritura. No sé por qué escribo. Tal vez porque estoy implicado en un proceso desde hace bastante, a un ritmo que no me ha dejado tiempo para interrogarme sobre la utilidad de un hobby que se ha convertido en profesión, ni sobre la posibilidad de sustituirlo por otra actividad (…) Escribo poesía y escribo prosa, y mis motivaciones, ciertamente, no son las mismas. Cuando escribo prosa, soy consciente de que dirijo un mensaje al lector con el fin de provocar su reacción o de suscitar en él determinados sentimientos. Cuando escribo mis poemas no siento la misma necesidad, pues establezco un diálogo conmigo mismo. De hecho, escribo para mí mismo, para comprenderme mejor o incluso para liberarme de un peso que me agobia. (…) Cuando miro hacia atrás esa poesía que ha dejado de ser un secreto personal, pero que se ha convertido -si me atrevo a decirlo- en un producto estético que se extiende hacia el dominio de lo público, constato que mi verdadera motivación no era otra que el deseo del poeta hacia su Andalucía... si no, ¿cómo explicar la melancolía de la poesía, su brote en dos direcciones antinómicas: el pasado y el futuro? La poesía no es otra cosa que la búsqueda de una Andalucía posible, una Andalucía que renace en el espíritu y en el corazón. De ahí emerge esa alegría secreta del poeta, alegría que no proviene de lo real sino de la creación, alegría de ver que las palabras captan lo imposible.

Pero la pregunta persiste: ¿por qué escribo? Quizá no tengo ya otra identidad, otro amor, otra libertad, otra patria, u otra razón, para aceptar el proyecto de vida que heredé sin haber sido consultado. No puedo asentir ciegamente ante este destino. Quiero dar forma a mi destino, determinar su sentido, y es la escritura, la que en su fondo y en su forma, alimenta esta voluntad. ¿Puede tener un escritor el coraje, después de un largo camino, tras la experiencia del fracaso, de plantearse la elección siguiente: la escritura o el suicidio? Se trataba con toda probabilidad de compensar una pérdida a través de la poesía. Cuando el amor, la patria, el tiempo o la belleza se me escapan, es a través de la escritura como los reencuentro... como restablezco la unión con las paredes del mundo que se derrumban en mi interior. ¿Seré el poeta de los derrumbamientos, que pasa su vida reconstruyendo lo que se derrumba dentro de sí mismo y a su alrededor por medio de la escritura? Probablemente. Yo no lo he querido, pero soy el producto de mi historia y de mi pasado personal. Jamás quise, ni pretendí, edificar en la poesía, o construir en la lengua, una patria para los palestinos. Pero ¿consciente o inconscientemente, no es lo que hago?”.

Este era el personaje, el escritor, el poeta y quienes hemos escuchado de viva voz su palabra y su poesía no podemos menos que rendirle este homenaje, modesto, pero necesario.

 

Dom Pére Casaldáliga

 

“Me llamarán subversivo.

Y yo les diré: lo soy.

Por mi pueblo en lucha vivo.

Con mi pueblo en marcha voy.”

 

Nació un día 16 de febrero de 1928, en Cataluña, España, se ordenó con sacerdote de la orden de los Hijos del Corazón Inmaculado de María, en el año de 1952, a la edad de 24 años, y recientemente, el día 08 de agosto del año 2020 murió a la edad de 92 años, en Brasil.

El epígrafe que da entrada a su presentación es muy nítido. Eso era Père Casaldáliga.

¿Qué es lo que hizo a Père Casaldáliga? Él mismo nos dirá:

“Aquello que me hace es lo que doy,

no lo que tengo,

cuanto doy

más tengo

Porque soy más.

Cuanto más tengo

y menos doy

tengo menos

porque soy menos”.

Por su hacer en Brasil, en Araguaia, y en América Latina; por enfrentar las dictaduras y terratenientes; por promover la Teología de la Liberación y la Opción Preferencial por los Pobres de la Iglesia Cristiana y Católica fue perseguido por los dictadores, por los terratenientes y, faltaba más, por el propio Vaticano y el Papa.

Ante ello, erguido y congruente Don Père Respondió:

“Querido Papa Juan Pablo II, hermano en Jesucristo y Pastor de nuestra Iglesia:

(…) Hace dieciocho años que estoy en Brasil, a donde vine voluntariamente como misionero. Nunca regresé a mi país natal, a España, ni con ocasión de la muerte de mi madre. Nunca tomé vacaciones en todo este tiempo. No salí de Brasil en diecisiete años. En estos dieciocho años viví y trabajé en el nordeste del Estado de Matto Grosso, como el primer sacerdote que se estableció de forma permanente en esta región. Hace quince años que soy obispo de la Prelatura de Sao Félix do Araguaia (…) La región de la Prelatura está situada en la Amazonía legal brasileña y abarca un área de 150.000 km2. Todavía hoy no cuenta con un solo palmo de carretera asfaltada. Sólo recientemente fue instalado el servicio telefónico. Frecuentemente la región queda aislada o muy precariamente comunicada a causa de las lluvias e inundaciones que interrumpen las carreteras. Es un área de latifundios, nacionales y multinacionales, con haciendas agropecuarias de centenas de millares de hectáreas, con empleados que viven frecuentemente en régimen de violencia y de semiesclavitud. Acompaño desde hace tiempo la dramática vida de los indígenas, de los "posseiros" (labradores sin título de tierra) y de los peones (braceros del latifundio). Toda la población en general, dentro de la Prelatura, ha sido forzada a vivir precariamente, sin servicios adecuados de educación, salud, transporte, vivienda, seguridad jurídica y, sobre todo, sin tierra garantizada para trabajar. Bajo la dictadura militar, el Gobierno intentó, por cinco veces, expulsarme del país. Cuatro veces fue cercada toda la Prelatura por operaciones militares de control y de presión. Mi vida y la de varios sacerdotes y agentes de pastoral de la Prelatura ha sido amenazada y puesta a precio públicamente. En varias ocasiones, estos sacerdotes, agentes de pastoral y yo mismo fuimos apresados; torturados varios de ellos también (…) A lo largo de todos estos años se han multiplicado las incomprensiones y las calumnias de los grandes propietarios de tierras –ninguno de los cuales vive en la región- y de otros poderosos del país y del exterior. También dentro de la Iglesia han surgido algunas incomprensiones de hermanos que desconocen la realidad del pueblo y de la pastoral en estas regiones apartadas y violentas donde el pueblo, con frecuencia, cuenta sólo con la voz de la Iglesia que intenta ponerse a su servicio.

“Vivir en estas circunstancias extremas, ser poeta y escribir, mantener contactos con personas y ambientes de la comunicación o de frontera (por edad, ideología, alteridad cultural, situación social, o por servicios de emergencia que prestan) puede llevarle a uno a gestos y posturas menos comunes y a veces incómodos para la sociedad establecida.

En lo que se refiere al campo social concretamente, no podemos decir con mucha verdad que ya hemos hecho la opción por los pobres. En un primer lugar, porque no compartimos en nuestras vidas y en nuestras instituciones la pobreza real que ellos experimentan. Y, en segundo lugar, porque no actuamos, frente a la "riqueza de la iniquidad", con aquella libertad y firmeza adoptadas por el Señor. La opción por los pobres, que no excluirá nunca a la persona de los ricos –ya que la salvación es ofrecida a todos y a todos se debe el ministerio de la Iglesia- sí excluye el modo de vida de los ricos, ‘insulto a la miseria de los pobres’, y su sistema de acumulación y privilegio, que necesariamente expolia y margina a la inmensa mayoría de la familia humana, a pueblos y continentes enteros.

“Otro punto delicado en sí y muy sensible para su corazón, hermano Juan Pablo, es el celibato. Yo, personalmente, nunca he dudado de su valor evangélico y de su necesidad para la plenitud de la vida eclesial, como un carisma de servicio al Reino y como un testimonio de la gloriosa condición futura. Pienso, sin embargo, que no estamos siendo comprensivos ni justos con estos millares de sacerdotes, muchos de ellos en situación dramática, que aceptaron el celibato compulsoriamente, como exigencia, actualmente vinculante, para el ministerio sacerdotal en la Iglesia latina. Posteriormente, a causa de esta exigencia no vitalmente asumida, tuvieron que dejar el ministerio, y no pudieron ya regularizar su vida, ni dentro de la Iglesia ni, a veces, ante la sociedad.

“Juan Pablo, hermano, permítame todavía una palabra de crítica fraterna al mismo Papa. Por más tradicionales que sean los títulos de 'Santísimo Padre", "Su Santidad"... –así como otros títulos eclesiásticos tales como ''Eminentísimo", "Excelentísimo"- resultan evidentemente poco evangélicos e incluso extravagantes humanamente hablando. "No se hagan llamar padres, o maestros", dice el Señor. Igualmente sería más evangélico -y también más accesible a la sensibilidad actual- simplificar la indumentaria, los gestos, las distancias, dentro de nuestra Iglesia.

“Sé también de sus preocupaciones apostólicas respecto de nuestra Teología de la Liberación, de las Comunidades cristianas en los medios populares, de nuestros teólogos, de nuestros encuentros, publicaciones y otras manifestaciones de vitalidad de la Iglesia en América Latina, de otras Iglesias del Tercer Mundo y de algunos sectores de la Iglesia en Europa y en América del Norte. Sería ignorar su misión de Pastor universal el pretender que usted no se enterase e incluso se preocupase con todo este movimiento eclesial, máximo cuando América Latina, concretamente, representa casi la mitad de los miembros de la Iglesia Católica.

“De todas formas, una vez más, le pido disculpas para expresarle una palabra sentida respecto al modo como están tratadas por la Curia Romana, nuestra Teología de la Liberación y sus Teólogos, ciertas instituciones eclesiásticas –como la propia CNBB, en determinadas ocasiones- iniciativas de nuestras Iglesias y algunas sufridas comunidades de este Continente, así como sus animadores.

“Con su bendición apostólica,

Pedro Casaldáliga, obispo de São Félix do Araguaia, MT, Brasil”.

Éste, y nadie más era Dom Père Casaldáliga, y no quiero decir más, o quizás sí.

¡¡¡Cuánto lamento su muerte!!!