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Una alegoría de la verdad y el tiempo, de Annibale Carracci (1584) - Foto: Especial

El camino de la vida: ¿Es real la realidad?

“No todo lo que los ojos ven, resulta cierto”, dijera Kalimán, el personaje de serie e historieta; se suma al debate sobre el “famoso problema filosófico de la relación entre nuestras ideas y la realidad del mundo”; está dedicado a Jesús Ramírez-Bermúdez

POR: J. Enrique Álvarez Alcántara, Visitas: 375

Publicado: 14/02/20 09:32

 

Hace unos días, en su cuenta de Twitter, el Dr. Jesús Ramírez-Bermúdez, neuropsiquiatra, posteó un breve video de poco más de diez segundos y, temerario más que temeroso, expresó como pie de post “El famoso problema filosófico de la relación entre nuestras ideas y la realidad del mundo”.

Quiero distraer su atención, amables lectores, con esta cuestión dado que ya prácticamente desde hace un año, cada mañana, el presidente de la República suele presentar su visión de la realidad que vivimos cotidianamente y, en demasiadas ocasiones, no concuerda su punto de vista con el que muchos de los mexicanos tenemos sobre la misma realidad; más aún, ignoro si, sarcástica o irónicamente, expresa: “Yo tengo otros datos”. Y, para terminar esta idea, sistemáticamente sustenta la tesis de que todos los otros puntos de vista que no concuerden con el suyo obedecen a tergiversaciones ideológicas, político-económicas o, lisa y llanamente, a radicalismos que se hermanan con la derecha y los “conservadores”.

En nuestra colaboración precedente (El silencio como desprecio http://masiosare.org/es/seccion/opinion/1119/el-camino-de-la-vida-el-silencio-como-desprecio/), presentamos cinco axiomas de la Teoría de la Comunicación Humana del psiquiatra austriaco, nacionalizado estadounidense, Paul Watzlawick. Debo reconocer que, por razones de espacio y propósito, deliberadamente omití el dato de que éste es también uno de los promotores más importantes del “Constructivismo Radical” (como es ampliamente conocido, el epistemólogo y biólogo suizo Jean Piaget fue quien expresó de manera explicita su adhesión al constructivismo en psicología y epistemología. Considero, sin temor a equivocarme, que los teóricos de la “Psicología de la Gestalt” dieron comienzo a este enfoque) y, para mostrar esta aproximación publicó su libro ¿Es Real la Realidad? Confusión, desinformación, comunicación, editorial Herder, 2003.

Entre las ideas que sustenta dicho autor expresa que: “La manera más peligrosa de engañarse a sí mismo es creer que existe una sola realidad. De hecho, existen innumerables versiones de la realidad y pueden llegar a ser muy opuestas entre sí (y, tajantemente concluye). Todas ellas son el resultado de la comunicación”.

Hacia el año 2013, en la misma editorial se publicó su libro La Coleta del Barón de Münchhausen, a propósito del Síndrome de Münchhausen y sus prolongaciones a nuestra vida cotidiana.

Pese al hecho de que en los planteamientos teóricos que desliza Paul Watzlawick, bajo el supuesto de un “Constructivismo Radical”, ponen en tela de juicio la existencia de la “Realidad” y propone que ésta última es obra de los procesos comunicacionales, no tengo la menor duda de que la realidad sí existe.

Ya desde el año de 1908, V.I. Lenin dedicó un libro extenso sobre esta cuestión, cuyo título es Materialismo y Empiriocriticismo. En este texto, Lenin sostendrá la tesis de que es necesario reconocer, como punto de partida de cualquier teoría del conocimiento, la existencia de la realidad que se pretende conocer o explicar y colocar en el terreno epistemológico y de construcción humana las pretendidas explicaciones sobre lo real.

Siguiendo las Tesis I de Karl Marx sobre Feuerbach, reconocerá que: “El defecto fundamental de todo el materialismo anterior (1845) –incluido el de Feuerbach— es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo. De aquí que el lado activo fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal. Feuerbach quiere objetos sensoriales, realmente distintos de los objetos conceptuales; pero tampoco él concibe la propia actividad humana como una actividad objetiva. Por eso, en La Esencia del Cristianismo sólo considera la actitud teórica como la auténticamente humana, mientras que concibe y fija la práctica sólo en su forma suciamente judaica de manifestarse. Por tanto, no comprende la importancia de la actuación ‘revolucionaria’, ‘práctico-critica’”.

Más aún, siguiendo la Tesis II de Karl Marx sobre Feuerbach, que dice: “El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre (léase el ser humano) tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico”, Lenin reafirmará la premisa fundamental de que el problema no radica en si existe o no la realidad y, todavía más, de si las explicaciones o los pensamientos sobre la realidad son reales o no; sino que, más bien, la pregunta debiera ser si nuestras pretendidas explicaciones o representaciones sobre lo real son verdaderas o no. Y, sin duda alguna, el criterio de verdad sobre los juicios, interpretaciones o representaciones de lo real, de no ser demostrados en la práctica carece de sentido su discusión.

Pues bien, regresando al principio de nuestra colaboración, queremos expresar que el problema central radica en que al parecer, quienes escuchamos las interpretaciones, representaciones o ideas que cada mañana comparte el Presidente, debemos asumir, como punto de partida, que no necesariamente son la verdad y por ello debemos contrastarlas con la práctica y la realidad de la vida cotidiana que vivimos los mexicanos; de otra manera, únicamente estaremos confrontándonos ideológicamente, bajo supuestos que responden a uno u otro dogma carente de contacto con la realidad material, histórica, social y cultural que vivimos.