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El mitin de la Caminata por la Justicia, la Verdad y la Paz, en el zócalo de la Ciudad de México, el pasado 26 de enero - Foto: Germán Canseco

El camino de la vida: El silencio como desprecio

Primero escribe sobre la Teoría de la Comunicación de Paul Watzlawick, y luego habla de la poesía, del silencio como desprecio, particularmente del presidente Andrés Manuel López Obrador frente al dolor de las víctimas

POR: J. Enrique Álvarez Alcántara, Visitas: 362

Publicado: 06/02/20 06:23

Al Poeta Javier Sicilia

 

“Cuando las palabras chocan con los muros de la indiferencia y caen fragmentadas

en pedazospor los suelos, pareciendo inútiles e innecesarias, pudiérase pensar

que éstas han muerto, y yertas se esparcen como manchas de sangre en la tierra,

esperando el momento preciso para que resurrectas se levanten y arrojen

a los rostros impasibles los significados que fueron despreciados.

Mientras tanto, parece que el silencio cobra

el sentido que algún día tuvieron las palabras”

J. Enrique Álvarez

 

El psicólogo austriaco, nacionalizado estadounidense, Paul Watzlawick, fue uno de los impulsores de la psicoterapia familiar y sistémica; como fundamento teórico de ésta desarrolló una Teoría de la Comunicación Humana que sustentó gran parte del grupo de Palo Alto, California.

Según la Teoría de la Comunicación Humana de Paul Watzlawick existen cinco axiomas que son inevitables a la hora de analizar los procesos de comunicación en la vida cotidiana, así como su impacto para el desarrollo y expresión de diversos procesos psicopatológicos.

El primero de estos axiomas propone: “La imposibilidad de no comunicarse”. Considerando que todo comportamiento es, por sí mismo, una forma de comunicación y, tomando en cuenta que el silencio es una forma de comportamiento, el silencio también comunica; por ende, debe admitirse que es imposible la existencia del “no comportamiento” o del “anticomportamiento”, lo que implica que tampoco existe la “no comunicación”.

El segundo axioma presupone que: “Toda comunicación tiene un nivel de contenido y un nivel de relación, de tal manera que el último significa al primero, siendo por tanto una metacomunicación”; ello significa que toda comunicación tiene además de la significación de las palabras, otras informaciones que matizan sobre cómo quiere uno ser interpretado y cómo la persona que escucha deberá entender el mensaje; esto es, la significación de los actos.

El tercer axioma expresa que: “La naturaleza de una relación depende de la graduación que los participantes hacen de las secuencias comunicacionales, entre ellos”; esto significa que en las interacciones comunicativas, orales o no, el comportamiento y mensaje que uno emite es interpretado como consecuencia del mensaje que se recibió antes del comportamiento propio.

El cuarto axioma concibe que: “La comunicación humana implica dos modalidades, la verbal y la no verbal”. El silencio es un mensaje no verbal.

Y, el quinto axioma, propone que: “Los intercambios comunicacionales pueden ser simétricos o complementarios”; mientras que en la comunicación simétrica hay una permanente lucha entre los miembros de la comunicación por el uso de la palabra y el comportamiento, en la comunicación complementaria hay un proceso de subordinación de uno de los miembros del acto comunicativo con respecto al otro, esto quiere decir que uno de los elementos del acto comunicativo cede al otro el derecho de la voz y la palabra. Cabe destacar que ambas formas de comunicación son fuente de procesos psicopatológicos en la vida cotidiana y fuente de los problemas de comprensión y entendimiento entre los miembros de una comunidad o grupo de pertenencia.

¿A qué viene este epígrafe y estas notas sobre Teoría de la Comunicación Humana y Psicopatología de la vida cotidiana?

El Poeta Javier Sicilia, cuando fue asesinado su hijo, Juan Francisco Sicilia, junto con otros de sus compañeros, expresó que no volvería a escribir poesía, que este mundo que promete a los jóvenes como futuro la muerte no merece más la poesía. El día de ayer, en Charla-Entrevista con la Comuna de la Palabra, ante la indiferencia y el desprecio que el Presidente Andrés Manuel López Obrador ha hecho público para escuchar la voz y las palabras de la víctimas de la violencia demencial que nos agobia, ha reiterado claramente: “Las palabras han perdido su valor, las palabras carecen ya de sentido y ello muestra que, una vez cumplida nuestra misión de llevar un mensaje no tenemos más recurso que el silencio”.

Alguna vez llegué a pensar que el silencio es un fragmento que permite enlazar las ideas y los sueños a través de las palabras, darle vida a los sueños y quimeras… Otra vez llegué a considerar que el silencio pudiera ser, acaso eso, instantes fugaces de tiempo que anteceden el lugar de las palabras… Hoy, después de tal indiferencia, de tal desprecio a la voz y la palabra, de la violencia hecha furia en contra de los mensajeros, quizás por otros instantes, he considerado el silencio como los sonidos del desprecio.

¿Cuándo aparecerá nuevamente la palabra? Tal vez como expresa el escritor peruano Ugo Velazco, en su libro de cuentos La Carnada y otros cuentos y, particularmente en, ¡Nos Debemos la muerte, Oviedo!: “La hora es la hora. Antes de la hora, no es la hora. Después de la hora tampoco es la hora”. Tumbischa. Pues bien, la hora de romper el silencio la determinará el Presidente de la República; eso dijo, el Poeta.

Pese a esto, el gran músico y poeta Atahualpa Yupanqui expresa: “Le tengo rabia al silencio/ por todo lo que perdí./ Que no se quede callado/ quien quiera vivir feliz”.

No quiero cerrar esta colaboración sin expresar la voz del Poeta César Carrizales, con su breve poema El Evasor: “Estoy despierto,/ pero sigo con los ojos cerrados./ me resisto a ser nuevamente/ victima de los embrujos del día,/ me resisto a correr las cortinas,/ a vestirme de verde o invisible,/ y al periódico que buscará herirme/ hasta hacerme pagar el precio/ de mi propia humanidad”.