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¡Adiós al maestro! - Foto: Especial

Postmodernidades: Jorge Cázares, maestro del mundo

No siempre el arte copia a la realidad, hay ocasiones que es al revés; Jorge Cázares tuvo en Morelos el espacio para desarrollar su discurso pictográfico, pero también hizo de Morelos el enigma de saberse arte. El texto es un homenaje del autor al artista

POR: Xalbador García, Visitas: 170

Publicado: 13/01/20 06:50

 

En ocasiones la realidad copia al arte. Los paisajes de Morelos nunca fueron tan hermosos sólo después de la obra del maestro Jorge Cázares. Si el estado le brindó al artista el espacio idóneo para desarrollar el discurso pictográfico que lo llevaría a la cima internacional, el artista le regaló al estado el enigma de saberse arte, de mostrar sus luces y sus silencios, sus valles y sus piedras, sus tierras multicolores y sus rastros efímeros que al ser tocados por el pincel se volvieron eternos.

Sensible a que su obra fuera adoptada por el público extranjero, Jorge Cázares viajó por Estados Unidos, Europa, Australia y Sudamérica donde sus extraordinarios paisajes hallaron el aplauso y la admiración de quienes se acercaron a su propuesta. Pero al mismo tiempo, consciente de su origen, llevó a cabo un convenio con la empresa La Central para que algunos de sus lienzos aparecieran en las cajas de cerillos más populares de México.

Las galerías de arte nunca han tenido una luz tan intensa como cuando las manos infantiles, los espíritus de las clases trabajadoras, el alma de estudiantes, de amas de casa, de empleadas y empleados de oficinas públicas, eran testigos de los paisajes en cualquier instante, en cualquier momento. Bastaba con tomar la caja de cerillos para ser cómplices de la magia que conllevan siempre las verdaderas obras de arte.

Con la complicidad como refugio, nos adentrábamos en aquellos valles, caminábamos por las montañas, nos bañábamos con la luz del sol que inundaban los cuadros o tan sólo permanecíamos estáticos para ver la caída de la noche frente a esos atardeceres que nos recordaban la fugacidad de las horas. Momentos preñados de felicidad, frente a los cuadros del maestro Cázares la exigencia —la única acaso para los espectadores—, la exigencia era la comunión con el paisaje que inmediatamente nos hacía conectarnos con esa llama interna que nos hermana con el mundo.

En sus cuadros el camino íntimo llevaba siempre a la hermandad con el mundo. En 1967 José Revueltas lo describió de esta manera: “Pintar es una forma de unir los sentidos y transformarlos. Cazares Campos plasma los movimientos del mundo y los hace vivir como un hecho separado, sus ojos son los ojos sin párpados del artista que no duerme”.

Morelos, la puerta hacia ese sur indígena por donde aún hoy se escucha el llamado del caracol, fue el espacio de paraíso que el maestro Cázares no sólo vivió, sino que quiso donar al mundo. Su mirada es tan única como cada geografía expuesta en los lienzos. Nadie puede sentirse ajeno a su arte, porque en su arte mismo está la semilla del Todo que nos define. La naturaleza hermanada al hombre, el hombre como el elemento místico que al mirar a su alrededor comprende el sentido de su existencia.

Los morelenses le debemos al maestro Jorge Cázares habernos mostrado el mundo, su mundo, que es el nuestro, que es el del que somos parte. Ahí se encuentra la grandeza de su obra. El paisaje que se exponía en el lienzo servía como umbral para los espectadores. El artista trazaba las rutas. El destino, en cambio, estaba en cada uno de nosotros. ¡Hasta siempre, Maestro!