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Lorna Wing - Foto: Especial

El camino de la vida: Más sobre el autismo/y III

El auto reflexiona sobre el autismo precoz y el síndrome de Asperger o la psicopatía autista hacia los trastornos del espectro autista

POR: J. Enrique Álvarez Alcántara, Visitas: 253

Publicado: 25/03/20 07:14

 

Una vez que hubimos presentado una breve digresión sobre el impacto que la película Rain Man tuvo sobre la toma de conciencia social sobre el Autismo (Masiosare, 18/03/20), nuevamente trataré de cerrar esta trayectoria desde el Autismo Infantil Precoz hasta los Trastornos del Espectro Autista.

Al mismo tiempo que la estela de Rain Man se esparcía en varios países de occidente, la APA se encargó de realizar sucesivas revisiones de su Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM), impulsadas por la Psiquiatra Británica Lorna Wing, con el propósito de precisar qué debiera entenderse por el autismo, cómo definirlo e identificarlo, así como disponer de un instrumento que permitiera determinar la prevalencia de dicho trastorno.

Debido a tales revisiones, en el año de 1994 se adicionaron nuevas categorías, entre ellas la del Síndrome de Asperger y se hace eclosionar el edificio que Leo Kanner hubo cuidado durante mucho tiempo.

En el DSM I por vez primera apareció el Autismo Infantil Precoz bajo el término de Reacción Esquizoide de Tipo Infantil, en el año de 1952; en el DSM II apareció como Esquizofrenia de Tipo Infantil, en el año de 1968; el DSM III, aparecido en el año de 1980, por vez primera incluyó la categoría Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), dentro de la cual se incluyó lo que Kanner definió como Autismo Infantil Precoz, entre otros Trastorno Generalizados del Desarrollo. Al parecer, por fin, Kanner tenía un éxito irrefutable; sus criterios para definir un trastorno único eran considerados en la definición de los TGD.

Para la revisión del DSM III Robert Spitzer invitó a tres personajes que se consideraba eran los más reconocidos en el ámbito de los Trastornos Generalizados del Desarrollo porque la versión del DSM III contenía, a ese respecto, vaguedades y vacíos que se permitieron para favorecer la atención de tales menores por los sistemas sanitarios y las aseguradoras. Lorna Wing y dos psicólogas estadounidenses, Lynn Waterhouse y Bryana Siegel se encargaron de conducir el equipo de trabajo responsable de tal tarea. Como resultado de dicha labor, en el año de 1987, se publicaron las modificaciones en la versión DSM III-R.

La versión correspondiente agregó 27 “nuevos trastornos” y, entre otras cuestiones, se propusieron modificaciones para diagnosticar los TGD. El concepto que en calidad de adjetivo tenía para identificar estos, infantil, se eliminó definitivamente del manual y, en consecuencia, el Trastorno de Kanner se rebautizó como “Trastorno Autista”; la edad del corte para el diagnóstico, consecuentemente, se eliminó, así como también el “trastorno” como “estado residual”. Finalmente, un nuevo término clínico introducido como “Trastorno Generalizado del Desarrollo sin Especificar”, amplió significativamente el espectro de la distribución y prevalencia del autismo.

Los parámetros de Kanner dejaban de ser los únicos para diagnosticar y reconocer el autismo. Resulta que ahora los TGD sin especificar o el Síndrome de Asperger eran más frecuentemente identificados que el Síndrome de Kanner.

A partir de la publicación del DSM III-R la prevalencia del autismo tuvo un incremento significativo en prácticamente todo el mundo.

La propia Lorna Wing, junto con Judith Gould, según refiere Steve Silberman, expresan: “Los Trastornos del Espectro Autista (es decir: el autismo y otros trastornos parecidos) pueden tener una prevalencia de uno entre cada cien niños. (…) El autismo no debería seguir concibiéndose como un trastorno sumamente infrecuente”.

Naturalmente que, bajo estos supuestos, el concepto de Espectro Autista conduciría a una definición del autismo como: “Un continuo más que como una categoría diagnóstica, como un conjunto de síntomas que se pueden asociar a distintos trastornos y niveles intelectuales, que en un 75% se acompaña de retraso mental, que hay otros cuadros con retraso del desarrollo, no autistas, que presentan sintomatología autista”.

Como antes dijimos (Masiosare, 19/02/20) “(… El contexto bajo el cual vivió Hans Asperger, durante la Segunda Guerra Mundial) colocó al pediatra austriaco en la picota de la polémica en virtud de que (… algunos…) consideran que es inexplicable que hubiera sobrevivido a la presión política, ideológica y militar del Nacionalsocialismo sin haber realizado algunas concesiones o, más aún, ‘guiños’ al mismo”.

Pues bien, el presidente del Grupo de Trabajo para diseñar el DSM IV, Allen Frances, pensaba que la adición de tantas etiquetas o “trastornos”, sin ton ni son, era cuestionable y debiera evitarse. De este modo, como refiere Silberman, “de los noventa y cuatro nuevos diagnósticos propuestos para la cuarta edición del manual, sólo dos, el Síndrome de Asperger y el Trastorno Bipolar de tipo II, serían seleccionados”. Sin embargo, aquí viene el pero, un asunto no se había aún resuelto, “los rumores de que Hans Asperger había colaborado con los Nazis”, y considerando que había fallecido en el año de 1980, colocaban una piedra en el camino: “Era una locura. –según refiere Silberman citando un segmento inédito de una entrevista que le hicieron a Volkmar, encargado de resolver la cuestión, con Gary Greenberg para The Book of Woe, 01 de marzo 2012--. Tardé semanas en solventar aquel asunto”. El asunto lo resolvió llamando por teléfono a Lorna Wing y preguntarle directamente sobre dicho asunto. La respuesta de Wing (aunque para algunos era insolvente), fue que no. Que Asperger era muy profundamente religioso y católico. Que no era Nazi. Ello bastó para que el Síndrome de Asperger entrara en el DSM IV. La deuda con Lorna Wing es enorme.

Para la revisión del DSM IV, a la hora de releer el texto, se dieron cuenta de un error nimio que, durante siete años se mantuvo en la redacción y sus respectivas traducciones; en lugar de solicitar que a la hora de realizar el diagnóstico de los TGD se hallaran deficiencias en la interacción, la comunicación “y” el comportamiento, antes de emitir el diagnóstico de un TGD sin especificar, se sustituyó la “y” por una “o”. Tal errata incrementó tal trastorno en su prevalencia y esta cuestión se subsanó en la versión DSM TR.

Con la edición más reciente del DSM, la versión DSM 5, se modificó definitivamente la categoría de TGD y se sustituyó por la de Trastorno del Espectro Autista, además de mantener la del Trastorno o Síndrome de Asperger.

Una vez que hemos recorrido un camino descriptivo, narrativo e historiográfico creo conveniente plantear algunas consideraciones:

  • ¿Esta trayectoria permite resolver las cuestiones relativas a la etiología, descripción, definición, identificación o diagnóstico del autismo? Creo que no podemos responder aún afirmativamente.
  • ¿Podemos dar por resuelto el asunto de si el Síndrome de Kanner como el Síndrome de Asperger, son cuadros diferenciados de un mismo trastorno, el autismo?
  • ¿El concepto de Trastorno del Espectro Autista es la llave que nos permite resolver las cuestiones de la prevalencia y epidemiología del autismo?

Espero haber aportado una breve veta de análisis y reflexión sobre el autismo.